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La métrica de la emoción

By... MKTG

 

 

 

 

 

En un entorno saturado de estadísticas, retorno de inversión, valor editorial y otros múltiples parámetros que evalúan la efectividad de las acciones de marketing realizadas, sigue siendo muy complicado parametrizar percepciones, sentimientos o simpatías, o algo tan básico como la emoción.

Precisamente, la emoción es una de las razones más poderosas por las que existe MKTG, el eje vertebral de nuestro trabajo y el motivo por el que las marcas se acercan a nosotros para llevar a cabo sus acciones experienciales.

Emocion_mktg

Según un estudio de EventTrack, el 91% de los consumidores afirma tener sentimientos más positivos sobre una marca después de asistir a uno de sus eventos y más del 85% adquiriría un producto o servicio tras disfrutar de una experiencia personal.  

Emocionar en una sociedad que vive sobreexpuesta, que tiene infinidad de estímulos diarios, en la que prima la inmediatez y, en muchas ocasiones, lo superficial, se convierte en un reto añadido que obliga a innovar y sorprender a una audiencia exquisita.

Así que añadimos la innovación a nuestra esencia profesional y tratamos de emocionar innovando en las formas, en la puesta en escena, en el mensaje, en la tecnología utilizada y en el análisis previo de las necesidades y objetivos del cliente.

Y emocionamos también sorprendiendo a la audiencia, creando expectación y rompiendo los límites establecidos para ir más allá y aportar un punto realmente diferenciador, nuestro sello de identidad.

Nuestra concepción del marketing parte de un punto de vista muy sencillo: humanizar las marcas, acercarlas a las pasiones e intereses de los consumidores, hacerles sentir la personalidad de cada producto de forma totalmente viva y fijarlas en el recuerdo de quienes disfrutan de estos eventos. Algo tan fácil en teoría, tan básico en el mundo de la publicidad, y tan complejo de llevar a cabo con éxito. En definitiva, tratamos de posibilitar que las marcas compartan la emoción de una experiencia con el consumidor.

Las marcas ya no buscan únicamente una identificación con su producto de la forma más simple o despertar un sentimiento aspiracional, sino que más allá de todo mensaje o publicidad convencional se encuentra querer apasionar, hacer vibrar, divertir y, en cierta medida, trascender la relación marca-consumidor. Y la emoción se encuentra en la base de esta nueva forma de conectar.

En el mundo digital los influencers son quienes generan tendencia. Su estilo particular, su imagen, los valores asociados a su persona consiguen esa credibilidad y cercanía que tanto han buscado las marcas durante años. Fuera de ese mundo tan virtual a veces, generar el mismo efecto que en las redes sociales a través de una vivencia personal supone seducir al consumidor desde antes de ser partícipe de la experiencia y lograr que sea él mismo quien realice el papel de influencer en su entorno más cercano y a través de sus propias redes sociales.

El codiciado engagement en un mundo de likes, retuits, compartir y stories se convierte en la tradicional emoción, tan innata a nuestra condición humana y también tan frágil. Sin embargo, la métrica de la emoción no es cuantificable a día de hoy, ¿o tal vez sí?

Artículo escrito por José Ignacio Hernández, Director General MKTG España

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