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    DNA Disruption

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¿Por qué decimos disrupción cuando queremos decir innovación?

By... Isobar

 

 

 

 

 

Lo innovador y lo disruptivo son dos de los mayores trending topics de los comités de dirección de muchas empresas pero sus significados, aunque cercanos suponen una grandísima diferencia en cuanto a su influencia en la estrategia corporativa. Y es en el cómo se alcanzan ambos objetivos lo que define a cada uno de ellos; mientras que la innovación se busca, la disrupción se descubre.

La innovación, especialmente cuando hablamos de producto, hace referencia a mejoras incrementales -aunque no por ello continuadas- que hacen que un producto responda de manera más efectiva y eficiente a las necesidades del cliente o a las de la empresa. En resumen, es una mejora de lo que ya existe. Así, los supuestos big flagships de innovación, como pueden ser los Ubers, Googles y Teslas, si los analizamos bajo esta lupa, no son más que una mejora de lo que ya teníamos; ni Über inventó el transporte privado, ni Google inventó los motores de búsqueda, ni Tesla inventó el vehículo.

Por otro lado, si hablamos de disrupción, primero y antes de nada, debemos mencionar a Clayton M. Christensen, quien acuñó el término en el año 1995 para hacer referencia a las tecnologías disruptivas. Y segundo, en su definición nos dice que hace referencia a lo que produce una ruptura brusca con lo establecido y, por tanto, una amenaza a lo preexistente. Esta ruptura puede venir dada por diversas razones como hacerlo accesible a personas que antes no podían acceder, creando un nuevo mercado, o para ofrecer soluciones a necesidades de las personas de maneras en las que antes no se había hecho y que mejoran de alguna manera lo anterior.

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Uno de los grandes disruptores de nuestros días es Netflix con su servicio de streaming de vídeo a precio accesible y por tanto para un consumo masivo y global. Como consecuencia de su lanzamiento y éxito se creó una nueva categoría, apareció la competencia y otros grandes grupos de distribución de contenidos se lanzaron a crear sus productos para obtener un trozo de un pastel que tenía pinta de que iba a ser bastante suculento. Era el comienzo del fin de una categoría de servicio: el videoclub. Aunque quizás lo más importante es el cambio en la forma de consumir series, películas... en definitiva: de sentarnos delante de la televisión. Pero esto también lo ha cambiado. Curiosamente, Netflix es también un ejemplo de innovación de producto con su propuesta inicial en la que proponían el mismo modelo que seguían los videoclubs con una pequeña mejora en su modelo de distribución que es la incorporación del envío por correo y eliminación del viaje de la experiencia de alquilar una película. Una propuesta interesante que intentaron vender a Blockbuster y que terminaron por rechazar favoreciendo su propia desaparición.

En el caso de Tesla, o mejor dicho Elon Musk, nos encontramos con una situación similar: los vehículos eléctricos y autónomos en sí no son la disrupción pero sí lo son los posibles modelos de servicio que puedan surgir como consecuencia de la tecnología disruptiva de conducción autónoma. Y, aunque para muchos parece un futuro muy lejano, todo apunta a que pasaremos de hablar de coches en propiedad a servicios de transporte, cambiará necesariamente la industria automovilística, el comportamiento de la sociedad y hasta incluso el urbanismo de las ciudades.

Y ahora que sabemos qué es la innovación y la disrupción, el reto está en cómo podemos facilitar descubrimientos disruptivos. Volviendo a su definición, cuando exploramos un resultado o un producto disruptivo buscamos una forma distinta y mejor de resolver las necesidades de las personas. Y aquí creo que mejor que nunca encaja la famosa frase de uno de los grandes disruptores de la humanidad, Henry Ford, en la que decía “If I had asked people what they wanted, they would have said faster horses”. Aunque podamos entender esta frase como un “olvidémonos de las personas”, nada más lejos. Lo que nos dice es que tenemos que entender qué es lo que necesitan las personas y por qué para que a partir de este conocimiento encontremos la mejor forma de resolver su necesidad. Y para esto, por supuesto, contamos con las personas pero no para que que nos digan la solución sino para que nos aporten la información que permitirá llegar a descubrimientos potencialmente disruptivos.

Una de las herramientas clave es apoyarse en técnicas de investigación etnográficas que nos permiten centrarnos en las interpretaciones de los comportamientos más que en la simple descripción de los mismos. Así, podremos entender lo que hacen, dicen y ven pero también lo que es más importante: interpretar lo que piensan y sienten las personas. Es precisamente esto último lo que nos da la llave para crear productos que no solo sean disruptivos en su propuesta si no que también aporten un sentido más allá de lo funcional.

Artículo escrito por Paúl Mato (LinkedIn) Head of Experience Design en Isobar España

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