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    Señales de humo

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Internet vuelve a sacudir el orden establecido

¿Habéis oído hablar alguna vez de las cuatro habitaciones del cambio? Es una interesante  teoría desarrollada por el psicólogo sueco Claes Janssen en los años 60 y 70, acerca de las reacciones y fases por las que pasa una persona u organización frente a los cambios. Sorprende ver cómo una teoría escrita hace 40 años se cumple, escrupulosamente, de forma reiterativa, cuando analizamos las reacciones de las empresas y las personas frente a los cambios promovidos, una y otra vez, por el fenómeno del siglo (si no del milenio): Internet.

Básicamente, la teoría trata de explicar los diferentes “frames of mind” con los que un individuo u organización afronta los cambios y que, muy habitualmente, se produce en forma de fases, pasando de una a otra, como de hecho le ha ocurrido a tantas y tantas industrias transformadas por Internet (la industria discográfica, el cine, la industria de los viajes, de la fotografía…) ¿Se imaginan a los directivos de las grandes compañías de los sectores citados en estas fases? Creo que no es muy difícil, pero prueben ustedes mismos:

Fase de Complacencia: No pasa nada, somos el status quo establecido y esto que parece un cambio no es más que una moda. Ninguneemos el cambio.

Fase de Negación. Nada va a cambiar y, por lo tanto, nada debemos cambiar.

Fase de Confusión. ¿Qué es lo que está pasando? ¡Que alguien llame a quien me lo pueda explicar!

Fase de Renovación. Señores: hay una nueva realidad. Debemos cambiar o desapareceremos.

Es curioso cómo se sigue repitiendo la historia. No tiene sentido que alguien nos describiese este comportamiento en los 70 y no hayamos aprendido nada, pero la realidad es que las personas y las organizaciones (que al fin y al cabo no son más que las personas que las dirigen) seguimos reaccionando exactamente igual, condenando a nuestras organizaciones al fracaso o retrasando lo inevitable, habitualmente apelando a la justicia, a la ley y a los jueces, que para eso son, sin duda, los garantes de mantener el orden establecido.

Con las redes sociales estamos en el punto de la confusión. Los próceres de la sociedad, que miraban con complacencia el fenómeno de la web 2.0, negando que pudiera  afectarles a ellos, han pasado, súbitamente, a un estado de confusión en el que no entienden lo que está ocurriendo. Y es justo en este punto en el que se llama al juez.

Así como hizo la industria discográfica con Napster (y ojo, que consiguió cerrarlo) así ha logrado Telecinco que se admita a trámite su querella contra Pablo Herreros, al que acusa  de los delitos de amenazas y coacciones por aquel post que publicó pidiendo a los anunciantes que no invirtiesen en el programa La Noria, que estaba entrevistando (previo pago de 10.000 euros) a la madre del Cuco, implicado en la muerte de Marta del Castillo. No digo que Telecinco no pueda tener razón, eso será el juez el que lo decida; eso sí, creo que, como en el caso de Napster (donde parece ser que tenían razón y así lo consideró el juez) están tratando de ponerles puertas al campo. Y claro…

Reacciones: Pues aparte de la previsible reacción del propio Pablo Herreros y de haber conseguido una grandísima repercusión en todos los diarios y medios online, ya existen los hashtag #todosconpablo y #lavozdepablo como apoyo al bloguero; un artículo de Enrique Dans titulado “Telecinco y la paranoia”; una página, promovida por Mario Tascón, para recoger firmas (y lleva ya más de 130.000) a favor de Pablo; el anuncio de Trivago de que no invertirá en Telecinco o el de Enfemenino.com de que no informará sobre la cadena hasta que retire la denuncia.

Vamos, que a lo mejor el juez les da la razón, pero la gestión de la crisis, en términos de comunicación (y probablemente de negocio) lo único que ha hecho ha sido reabrir la herida y reabrir dos debates en la sociedad: el de la telebasura y el de David contra Goliat, con toda la simpatía que despierta el primero y la animadversión y manía que todo el mundo le tiene al último.

Empecé el post con una sesuda teoría. Permítanme terminarlo con otra, en este caso, perteneciente a la llamada “Teoría de juegos”, pero que creo que viene al pelo. Se llama la “Paradoja de San Petersburgo”, fue  formulada en 1738 por Daniel Bernoulli y  dice que, a medida que la riqueza de una persona aumenta, valora menos el incremento de ingresos y considera más importante evitar una pérdida de dinero.

Quizás los abogados de Telecinco deberían leer más “Teoría de Juegos”

Eduardo Vázquez

@vazquezeduardo

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