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Inbox (2)

Llevo tanto tiempo sin escribir en este blog que voy a recordaros el sistema: yo hablo de las cosas que me llegan al buzón del correo. Y vosotros diréis: ¿llevas dos meses sin recibir un mail? No. He recibido muchos de viagras y cursos de formación y powerpoints semimísticos con música de Vangelis. Pero este mail me pareció curioso.


De: Facebook <notification+oerh61dz@facebookmail.com>
Asunto: Tu amigo David quiere comprobar tu amistad
Fecha:  25 de enero de 2010
Para: Juan Sánchez



David te invita a realizar un test para saber si eres amigo de tus amigos.
Para acceder, sigue este enlace:
http://www.facebook.com/n =949252&id=739601934&mid=1d4b
Gracias.
El equipo de Facebook.


El famoso señor Facebook, que debe ser el tipo que más mails manda del planeta, me escribió para decirme que un amigo mío me invitaba a hacer un test de amistad. 
Clické (¿Cómo será el pretérito perfecto del verbo clickar? Si el de andar es anduve,  el de clickar podría ser clickuve….). Bueno, clické o clickuve en el enlace y me salió un test patrocinado por una marca de telefonía. Después de diez preguntas sobre mis amigos del Facebook, resultó que conozco a mis amigos un 34%. A continuación, el test se permitió el lujo de decirme que yo no era un tipo demasiado social en Facebook y que debería dedicar más tiempo a mis amigos, para lo cual me recomendaba una estupenda tarifa plana en Internet.

Bueno, vamos a ver, tener un conocimiento del 34% de mis amigos no está nada mal. Ya me hubiera gustado a mí conocer el 34% de mi primera novia, querido Facebook.

El caso es que, despreciando la opinión interesada del test sobre mis habilidades sociales, me quedé pensando un ratito en esto de la publicidad en Facebook. Yo, que no soy de pasar mucho rato en este sitio, ya me estoy saturando un poco con el tema. Y es que hay marcas que se han lanzado a conquistar las redes sociales de la misma manera que antes se lanzaron a conquistar los periódicos, las radios o las televisiones. Y no es lo mismo. No señor. Una red social es un conjunto de amiguetes que se comunican.  Si una marca quiere estar ahí, tendrá que parecer un amiguete más.

Y para algunas marcas va a ser muy difícil cambiar de registro. “Eh tú, colega, hazte fan de mi marca.” ¿Cómo? No es posible que una marca que lleva diez años insultando la inteligencia de un telespectador con su forma de comunicar en televisión, le pida de la noche a la mañana que se convierta en su fan en Facebook. Ese cambio de registro que tendrán que hacer muchas marcas me huele a mí que va a ser interesante.

Hoy, ya nadie duda de que las redes sociales se han convertido en medios publicitarios consolidados. Es otro milagro de la publicidad que tiene el don de transformar cualquier cosa en un medio publicitario: una red social, un juego, un servidor de música, las servilletas de los bares y cualquier cosa que sea susceptible de ser ocupada en pedacitos.

No creo yo que Marconi inventara el transistor para poner cuñas contra la impotencia, pero ahí sigue la radio, un chorro de años después, convertida en un medio publicitario indestructible.

Pero también hay otros canales que no tienen tanto éxito. Me acuerdo yo de Second Life, el jueguecito aquel en el que un muñequito que se parecía a ti vivía su propia vida. Me acuerdo yo de aquella frase que tanto se decía: “hay que estar en Second Life”. Y llegó un momento que de tanto estar en Second Life tu doble virtual veía más publicidad que tú mismo. Pero para frase inmortal, aquella que también tuvo mucho éxito: “hay que estar en los espejos de los váteres de los garitos”.

En fin, que todo va muy rápido  y ahora se oyen otras frases de “hay que estar”: en Facebook, en tuiter, en spotify, en ciento cincuenta mil blogs, en las papeleras, en las farolas, en el suelo de las tiendas, en los telediarios y en cien mil sitios al mismo tiempo. Y ahí estamos. Dios qué dispersión, qué milagro.
 
No sé yo dónde tendremos que estar dentro de un año. Pero sí sé que estaremos, porque seguiremos teniendo el don de la ubicuidad. Si Dios quiere, claro.

Inbox (lo que llega a mi buzón)


Escribe un blog en anuncios –me dijo Manuel De Anuncios (Luque de segundo). ¿Un blog? –le pregunté ¿Eso hay que mantenerlo, no? ¿Qué voy a contar yo cada semana? ¿Voy a hablar del tres sesenta? ¿Voy a decir que las marcas no sé qué? ¿Qué los contenidos son el futuro de no sé cuántos? ¿Voy a lloriquear por lo mal que están las cosas? Ni tengo demasiado tiempo para escribir un blog, ni me veo como un ideólogo, así que le dije a Manuel –póngame a los pies de su señora. Y salí corriendo.

Pensé que ya hay muchos adivinos que nos iluminan acerca del futuro de la publicidad (uy, perdón que eso queda antiguo, quería decir comunicación), que ya hay bastantes aburridos escribiendo cosas que les hagan parecer interesantes y que ya hay demasiados cenizos que profetizan la llegada del fin del spot.

Pero un día me picaba la nariz y, al rascarme, se me ocurrió una idea perfecta para el blog: ¡Me voy a dedicar a contar las cosas que llegan a mi buzón de correo! El plan era perfecto: tendría material fresquito cada semana y, además, no me llevaría demasiado tiempo. Así que llamé a Manuel De Anuncios:

–Buenos días, Manuel, que tengo una idea para el blog: voy a escribir acerca de las cosas que me llegan a mi correo.

–¿Y eso qué tiene que ver con publicidad?

–Pues que la mayoría de los mails que recibo son publicidad.

–Ah!

–Y además, hay un montón de power points que te hacen pensar sobre las cosas importantes de la vida y que acaban convirtiéndose en campañas de publicidad.

–Ah!

–Y además, me escriben muchos amigos que trabajan en publicidad.

–Bueno, no sé, escribe alguno.

Ahí va el primero: 

Inbox (1)

Para: Juan Sánchez

De: Roberto89

Asunto: tu jaca.

Fecha: 5/10/2009

 

Hola Juan, me interesa tu jaca, te la cambio por un ford fiesta del 98 y novecientos euros.

Roberto

¡Joder con Roberto! ¡Será hijo…!  Ah no, un momento, un momento, que Roberto no se refiere a mi chica, lo que quiere es comprarme la moto. ¡Sí señor: era la primera respuesta a mi anuncio en el segundamano! En dos horas me llegaron otras quince respuestas más. Y al día siguiente tenía un fajo de billetes en el bolsillo. Un señor de Tomelloso, que tenía un bar y por eso me pagó en billetes de veinte y de diez, me la compró de inmediato.

Así que aquí estoy preparando el caso que arrasará sin duda en los próximos EFI.

Objetivo de la acción: vender la moto, que ya no la uso.

Plan de medios: 6’55 euros.

Producción: una foto de mi vieja bandit hecha con el teléfono móvil.

Resultados: Quince respuestas directas, cuatro visitas al garaje para verla y un fajo de biltes de veinte y de diez en mi bolsillo. 

Pero, aunque gane el gran Efi (que lo voy a ganar, porque me voy ahacer un video pintón) no estoy nada contento. No estoy contento porque ya no tengo moto y eso te hace perder encanto con las chicas. Pero lo que me entristece, lo que me amarga, lo que de verdad me jode es que el anuncio que hice para vender mi moto contradice lo que llevo toda la vida diciéndole a mis clientes: que la buena publicidad vende. En efecto, amigos: el anuncio era una auténtica mierda. Júzguenlo ustedes mismos.


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