¿Frustrados?
Entre tú y yo: gran parte de las
ideas tiene una muerte violenta antes de la mayoría de edad.
De ahí que el verdadero talento no
consista tanto en crear como en producir.
Esos a quienes admiramos son
aquellos que han conseguido hacer realidad sus ideas más veces que otros.
Con suerte, un creativo consigue
sacar pongamos que un 30% de su trabajo a la luz. Nos pasamos la vida en un
oscuro 70% de proyectos que se caen, concursos que se pierden, alternativas que
se descartan, versiones de agencia que no nos compran, preproducciones que se
suspenden, ideas que no se presentan, cuadernos llenos de garabatos que nunca
pasan a limpio, y cartones apilados en el suelo de nuestro despacho.
Una media de cien tortas por cada
beso.
Será por eso que uno de los
momentos en que más disfruto de mi trabajo es justo antes de presentarlo. Me
gusta colocar los bocetos en la sala de la agencia y contemplarlos durante un
rato. Ahí están, con cada detalle en su sitio, cada palabra donde debe, con la
imagen que buscábamos, con la tipo que no encontrábamos... nunca jamás volverán
a estar así. Ni siquiera sé si llegarán a estar
de alguna manera. Luego carpe diem,
me digo.
Pero si a estas alturas del post
te está entrando un ramalazo de creativo quejica pero heroico, que con más de
cien heridas en su carpeta se ve obligado a rendirse a la vulgaridad del mundo,
quieto parao.
No me seas mariquita, amigo mío,
que lo nuestro no es nada.
Y si no, a modo de cura hazte
estas diez preguntas:
¿Qué debió sentir Kubrick cuando,
tras más de cuatro años de trabajo, se dio cuenta de que su película Napoleón nunca iba a pasar de ser un
proyecto?. ¿Qué pensaría cuando contemplara las más de 17.000 fotos y dibujos
de personajes, uniformes, muebles y localizaciones que había almacenado sin un
triste Mac de ayuda?. ¿Qué recordaría de las eternas negociaciones para hacerse
con todo el ejercito rumano como figurante en las secuencias de batallas?. ¿A dónde
irían a parar todas las ideas, estrategias, técnicas de rodaje e iluminación que
parió para el proyecto?. ¿Y qué pensaría su ayudante, ése al que encargó
recorrer y fotografiar todos y cada uno de los lugares que pisó el emperador, y
que dedicó años a ese trabajo inútil?.
¿Qué cuerpo se les quedó a los
bailarines que creían haber cumplido el sueño de su vida al haber sido elegidos
entre cientos por el mismísimo Michael Jackson para su gira This is it, cuando se enteraron de que
la estrella había palmado repentinamente?. ¿Qué clase de calambre recorrió esas
piernas que llevaban tres meses dando saltos de un ensayo a otro?.
¿Cómo se levantaba cada mañana Etienne-Louis Boullée, sabiendo que era un genio de la
arquitectura que no conseguiría levantar la mayoría de sus proyectos,
irrealizables a causa de sus enormes dimensiones?. ¿Con qué pulso trazaría cada
línea sabiendo que sus ideas no pertenecían a su siglo?.¿Con qué ánimo escribió
el tratado Arquitectura. Ensayo sobre el
arte que no se publicó hasta doscientos años más tarde?
Está claro que todos ellos
debieron irse a la cama enormemente jodidos un buen puñado de noches.
Pero ¿te atreverías a llamar a
cualquiera de ellos frustrado?
No hubo Napoleón, pero Kubrick sacó adelante 13 de las películas más
especiales del séptimo arte.
Al final, millones de personas
hemos visto bailar a los chicos de Jackson en el cine, y los doce principales
han formado un grupo que ya tiene un montón de giras contratadas.
Y aunque casi siempre construyó
sobre el terreno de la fantasía, Boullée fue considerado un visionario por sus
contemporáneos en quienes su imaginación febril influyó de forma definitiva.
Ah, y llegó a arquitecto jefe de Federico el Grande de Prusia, que es más que
director creativo.
Así que, una vez más, resulta que
lo nuestro le ocurre a muchos otros mucho peor.
Parece que lo que realmente cuenta
es enfrentarse al siguiente proyecto decidido, una vez más, a que no se quede
en tu cabeza.
Para lograrlo hay que seguir
adelante sin bolsas en los ojos, celulitis ni alopecia. Hacerse uno mismo la
cirugía antes de volver a empezar, para resetear el espíritu y dejarlo como el
de un trainee. Sin cicatrices.
Porque en el fondo, tú como ellos,
trabajas para ti no para otros.
Por eso tú tampoco eres un
frustrado.
Pdta.: Para la obsesión de Kubrick, el cofre de Taschen. Para los sudores, This is it . Y para los sueños de grandeza de Boullée, la película El ombligo del arquitecto
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