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    Coaching para redecorar tu vida

          por

Olor a nuevo

Los creativos de Bassat Ogilvy han inventado, para los señores de Ford, el olor a nuevo. Me gusta mucho la idea, tanto que cuando la descubrí pensé que me habría encantado que se me hubiese ocurrido a mi en aquellos tiempos en los que trabajaba para cuentas de coches. Qué potente recurrir a una asociación olfativa tan reconocible y compartida para darle a un vehículo de segunda mano ese plus que hará sentir que lo estás estrenando. El olor a nuevo es ese toque externo y perceptible que, cuando todo ha sido cuidado y revisado, hace que sea evidente que ha sido cuidado y revisado. Es la constatación del cambio, la prueba fehaciente de la renovación. Por eso, ¿no sería maravilloso que las personas pudiéramos también, después del cambio y la renovación, oler a nuevo?

Puestos a establecer paralelismos se me ocurre que quizá el equivalente del olor a nuevo para las personas podría ser la mirada. Tengo un estupendo amigo que hace unos años decidió apostar por el cambio, convertirse en una persona mejor. Como dice IKEA lo hizo primero a través de las pequeñas cosas. Y vio que no eran tan pequeñas como parecían. Luego se atrevió con más, incluso se arriesgó a equivocarse, pero acertó. Fue valiente, hizo un trabajo serio y difícil. Y lo consiguió. Ahora, cuando tengo la suerte de pasar un rato con él, veo ese cambio en su mirada, una mirada más limpia, más cercana, más humilde, que hace evidente que todo en su interior ha sido cuidado y revisado hasta el último detalle, que su renovación ha sido completa. No huele a nuevo, sino a Acqua di Parma, pero su mirada es nueva, fresca y clara.

No es el único caso que conozco, afortunadamente, pero en todos ellos es la mirada la que te invita a recorrer miles de kilómetros junto a esas personas con todas las garantías. Así que ¿apostamos por la renovación? Un ajuste aquí, un poquito de aceite allá, el recambio de alguna pieza y listos para reconducir nuestras vidas, para ser mejores,  más felices, para sentir que ante nosotros se despliega una segunda oportunidad, con olor a nuevo.

 

http://www.anuncios.com/VerPiezas/detras-anuncio/nuevos-anuncios/1065707012201/ford.1.html

 

titicoaching@gmail.com

Titi López trabajó más de 20 años en publicidad.

Ahora es coach personal, ejecutivo y de equipos.

Es Secretaria General de la International Coach Federation.

Ha creado el método marketingcoaching®.

 

La revolución empieza en ti

Ha llegado el momento de cambiar. Atrévete. Atrévete a la luz, atrévete a probar y a equivocarte. Empieza a cambiar pequeñas cosas y a descubrir que no son tan pequeñas. Estas acertadas palabras no las digo yo, las dice IKEA en el spot de su nueva campaña. Si los creativos de SCPF fueran coaches, no habrían podido expresarlo mejor.

Porque en una renovación personal o profesional, el proceso que se sigue es más o menos así. Un día, consecuencia de muchos días anteriores más bien insatisfactorios, uno se dice a sí mismo que ha llegado el momento de cambiar. Y hay que atreverse a hacerlo, que no es fácil. Hay que empezar por descorrer las cortinas de las creencias polvorientas que no nos dejan avanzar, que nos lastran, que nos cortan las alas para volar muy alto, y dejar entrar la luz que nos proporcionan otras creencias nuevas, frescas, tan generosas que nos ofrecerán nuevas maneras de ver la vida  mucho más constructivas, más eficaces, más liberadoras. Y hay que probar, y en la prueba, a veces, sólo a veces, topar con el error, que es una maravillosa forma de aprendizaje. ¿Y qué si nos equivocamos? con cada error, con cada equivocación aumenta nuestra sabiduría y nuestra experiencia, y eso nos hace más valiosos, así que ¿por qué no disfrutar también de nuestros errores? son parte del camino, de ese camino que se anda paso a paso, empezando por cambiar pequeños detalles: hoy una cosita, mañana otra…así hasta observar el resultado y descubrir entonces que aquellas pequeñas cosas, como diría Serrat, en el fondo no eran tan pequeñas.

Cualquier momento es bueno para empezar tu revolución a través de los pequeños cambios. Hoy con un nuevo jarrón para la autoestima, mañana con una tela estampada de confianza, después con aquel taburete que te permite llegar mucho más alto….cuando te quieras dar cuenta vivirás de una manera mucho más feliz y agradable, no sólo para ti mismo, sino también para todos aquellos que te rodean. ¿Te atreves a empezar?

 

titicoaching@gmail.com

Titi López trabajó más de 20 años en publicidad.

Ahora es coach personal, ejecutivo y de equipos.

Es Secretaria General de la International Coach Federation.

Ha creado el método marketingcoaching®.

 

Let your body drive

La nueva campaña del Peugeot 208 me ha encantado. No hablo de la campaña como tal, sino del concepto que hay detrás de ella, de ese cuerpo serrano con calzón amarillo que nos recuerda cuántas cosas haría nuestro cuerpo si le dejáramos expresarse, en vez de reprimir sus impulsos, sus deseos, su manera de mostrar las emociones que sentimos.

Cada vez que veo el spot de esta campaña no puedo evitar sonreír. Me encanta como han representado a través de ese cuerpo normalillo y tierno, lo que todos a veces sentimos. Ese abismo entre lo que de verdad nos gustaría hacer y lo que al final terminamos haciendo (o no haciendo) por obligación, por timidez o vergüenza, por convenciones sociales, por  educación o simplemente porque es lo que se espera de nosotros. Incluso a veces por miedo al rechazo o como una forma de autoprotección. Cuánto nos dejamos por vivir, cuántas cosas dejamos de disfrutar por agarrarnos a este tipo de creencias que nos han inculcado desde niños. Si pensáramos que el cuerpo es el vehículo que expresa las emociones, lo aceptáramos con normalidad y nos dejáramos llevar por él de vez en cuando ¿no seríamos entonces más felices?

Lo cierto es que en el fondo todos lo sabemos.  Y lo tenemos claro hasta en el lenguaje. Decimos: “voy a hacer lo que me pide el cuerpo” para expresar lo que de verdad queremos, pero del dicho al hecho hay mucho trecho y ¿cuántas veces lo hacemos? Quizá nos vendría bien escucharle más y llegar a un equilibrio adecuado para ambos, para el cuerpo y para el dueño del cuerpo. Eso implicaría un cambio de creencia y adquirir una nueva perspectiva.

El chico del anuncio de Peugeot ya sabe lo que se siente haciendo puenting, se ha lanzado a acariciar la mano de la chica que le gusta y ha evitado un punto en contra de su equipo de baloncesto, entre otras cosas. Y todo gracias a que se ha dejado llevar por su cuerpo, con el que, por cierto, cada vez se siente más cómodo. Let your body drive. Os dejo con el link de la versión de 60 segundos para que conectéis con el cuerpo. Y a disfrutar.

http://www.youtube.com/watch?v=l7ZSTdogVos&NR=1&feature=endscreen

 

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Ponle corazón

Primero fue sólo una intuición, ahora es una realidad, comprobada y comprobable a través de sofisticadas técnicas de neuroimagen: antes de llegar a lo racional, todo pasa por lo emocional.

Las campañas más eficaces y las más recordadas son totalmente emocionales, tocan la fibra sensible, mueven y remueven sentimientos, van directamente al corazón.

El neuromarketing nos dice que las decisiones de compra (y las otras, añado yo) se toman desde las emociones, aunque luego las pasemos por el filtro de lo racional y nos creamos que ha sido la cabeza quien ha dictado el camino a seguir.

En el coaching, en la motivación, en el liderazgo, en el aprendizaje, todo aquello que funciona mejor está basado en las emociones, no hay color en términos de eficacia.

Las personas con las que siempre queremos estar, las que nos enamoran, las que nos hacen sentir bien, son las que nos provocan emociones positivas. Y del amor al desamor, e incluso al odio, hay sólo un paso, el que nos dictan nuestras emociones.

Las mejores películas, las mejores canciones, los mejores momentos vividos…hasta la inteligencia más valorada hoy en día es la emocional. Así que poner el corazón en todo lo que hacemos parece que se revela como la forma más eficaz de obtener los mejores resultados.  Y yo me pregunto: ¿de verdad es el ser humano un animal racional?

 

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¿Han desayunado tus defensas emocionales?

La pérdida le deja a uno tocado. Y no hablo solo de perder a alguien cercano, que para mi desde luego es lo peor, sino también de perder otras cosas muy importantes para sentirnos plenos, como por ejemplo, el trabajo, algo que desgraciadamente se ha vuelto muy común también en el sector de la publicidad.

De vez en cuando hablo con algún amigo que ha perdido su trabajo en tal o cual agencia y cuando le pregunto qué tal está, surge el inevitable: “pues bien, lo llevo bien”. Pero una pérdida es algo que en un primer momento no se puede llevar emocionalmente bien y que conduce inexorablemente a experimentar de una forma u otra las cuatro fases del duelo:

Desconcierto e incredulidad, porque no nos lo podemos creer, es como decir: "esto no está pasando". Negamos los hechos como mecanismo de defensa para que el golpe sea menos duro.

Tristeza profunda, que a veces conduce incluso a tener reacciones de ira o agresividad.

Desesperación y resignación. Poco a poco vamos haciéndonos a la idea de que la pérdida es real e irreversible. Nos sentimos apáticos, tristes y vulnerables. Y en función de cada persona, se puede llegar incluso a la depresión.

Aceptación, cuando por fin, después del necesario tiempo de duelo, llega la paz. Se reestablece la tranquilidad en nuestras emociones y entramos poco a poco en una fase de normalidad en nuestras actividades y relaciones sociales.

En un proceso de coaching destinado a acompañar a alguien que ha sufrido una pérdida de cualquier tipo, nos centramos en trabajar una distinción fundamental: la diferencia entre dolor y sufrimiento. Porque el dolor es normal, es una herida que necesita su tiempo para cicatrizar, pero el sufrimiento es la interpretación que cada uno de nosotros hace de ese dolor. Y si es excesivamente negativa o está cargada de sentimiento de culpa, el sufrimiento es terrible. Por tanto, cambiar la interpretación que se le da al hecho doloroso se convierte en algo fundamental. En el momento en que esta cambia y se hace más positiva, uno se perdona a sí mismo y el sufrimiento acaba, dejando paso al dolor, que acabará cicatrizando.

El proceso de duelo puede durar aproximadamente entre 6 meses y dos años, dependiendo de cada persona, del apoyo con el que cuente, de su fortaleza emocional y de la confianza y la autoestima que tenga. Por eso es tan necesario que nuestras defensas emocionales desayunen bien todos los días, con sus dosis de autoestima, seguridad, cariño, amistad, sentimiento de pertenencia, etc. Sólo así estaremos bien preparados para aceptar la vida como viene, con sus perdidas y sus ganancias, con su tristeza y su felicidad, y teniendo la certeza de que detrás de la tempestad, siempre, siempre, siempre viene la calma.

 

titicoaching@gmail.com

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Te da alas

Recientemente algunos amigos me han pedido que les aclare qué es un líder-coach y si esta figura podría ser ventajosa en una agencia de publicidad, ya que últimamente esta denominación aparece con frecuencia en los medios pero no les queda muy claro de qué se trata. Me piden que se lo cuente “en titulares”. Pues ahí van:

Un líder-coach confía en la capacidad de aprendizaje de las personas.

Logra que sus colaboradores aprendan a gestionar sus trabajos bajo dos de las principales ventajas que ofrece el coaching: un mayor ejercicio de la responsabilidad y una mayor capacidad para tomar decisiones por sí mismos. Hay que tener en cuenta que más del 90% del aprendizaje profesional se realiza en el trabajo diario. Por eso un líder-coach es fundamental en las organizaciones, incluidas las agencias.

Hace pensar a sus colaboradores.

Al confiar en las capacidades de sus colaboradores, les pregunta en vez de darles instrucciones o las respuestas necesarias. De ésta manera logra que reflexionen y descubran por sí mismos las respuestas, con lo que paulatinamente les capacita para tomar decisiones y realizar sus tareas con menor esfuerzo.

Logra la implicación y motiva.

Desarrollar en los colaboradores el criterio necesario para tomar decisiones logra que participen en la gestión diaria, se sientan implicados y parte importante de la organización, lo que aumenta su sentimiento de pertenencia. Además se sienten más valorados, más motivados, con mayor autoestima, y confían en su criterio y en su capacidad de resolver adecuadamente cualquier cuestión en su día a día laboral.

Genera responsabilidad y por tanto, libertad y poder.

El líder-coach contribuye al aprendizaje de los miembros del equipo hasta el punto de lograr que realicen cosas que antes no podían. Comprenden que sus acciones influyen en su desempeño, y que por tanto sus decisiones son importantes en la construcción de su futuro, el de su equipo y el de la organización. Interiorizan que tienen poder para influir en los resultados y por tanto se hacen libremente responsables de ellos.

Crea canales de comunicación abiertos y eficaces.

Implanta sistemas de comunicación interna y externa fluidos, abiertos y eficaces, que propicien la expresión de opiniones, perspectivas e ideas con libertad y seguridad. Esto además le permite identificar tanto las posibles dificultades como las oportunidades.

En definitiva, un líder-coach es alguien que da alas, un líder (directivo o no) que comprende la importancia de enseñar a pescar en vez de dar peces, que sabe que si las personas que forman los equipos aprenden, entonces los equipos lo hacen y finalmente la organización, la agencia, también. Y que este aprendizaje es una forma de empowerment que facilita el trabajo, retiene el talento, aumenta la productividad y contribuye al éxito de las actividades empresariales y a la satisfacción de los empleados.

Contar con líder-coaches es un gran camino para que las agencias desplieguen todo su potencial, disfruten de mayores beneficios y sean mucho más competitivas. Y para que sus empleados valoren su trabajo y se sientan más satisfechos con él. Así que, ahí van algunas preguntas: ¿cómo vas a identificar a las personas de tu agencia que tienen cualidades para desempeñar este papel tan rentable? ¿cómo vas a enseñarles a ejercerlo? ¿qué vas a hacer para que desarrollen las habilidades de coaching que necesitan?

Hacer pensar, primera habilidad de un líder-coach. ¿Empezamos?

 

titicoaching@gmail.com

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Lo que puede ser, puede ser muy bueno.

Imaginad que decidís que vais a aprender a montar a caballo. Buscáis una escuela que os parece adecuada y el primer día de clase aparece un profesor tirando a áspero y os dice que vais a montar a un caballo que se llama Dañoso. Así, de repente, sin anestesia ni nada. ¿Con qué predisposición emocional os subiríais a ese caballo? Uuuuuyyyyy, yo diría que con miedo, desconfianza, duda, inseguridad… Al día siguiente volvéis a clase y os toca un caballo que se llama Peligroso. Toma y toma, de Málaga a Malagón: más miedo, más desconfianza, más inseguridad, más de lo mismo. Y lo peor: que los caballos perciben todo lo que sentimos, así que los pobres Dañoso y Peligroso también muertos de miedo y de desconfianza, y en esas circunstancias ¿qué caballo se comporta dócilmente? Es la profecía autocumplida: les llamas Dañoso y Peligroso y sólo el poder de esas dos palabras genera emociones, pensamientos y comportamientos negativos en las personas, que a su vez influyen en las emociones y el comportamiento de los caballos, confirmando así la creencia de que los pobrecillos tienen muy bien puestos los nombres.

Esto que os cuento es verídico. Ocurrió en un centro hípico de Madrid y lo relataba la persona que se encontró con Dañoso el primer día de su vida como amazona y con Peligroso el segundo. Y es un excelente ejemplo de la influencia del lenguaje en los pensamientos, en las acciones y en los resultados que obtenemos en la vida. Porque ¿cuál habría sido el resultado de esta experiencia si los caballos se hubieran llamado Tranquilito y Noble, por ejemplo, o Burguesa y Mágico? Probablemente muy distinto.

El lenguaje es generador. Todos los que trabajamos o hemos trabajado en publicidad lo sabemos, especialmente los redactores y los creativos en general. Los matices en los textos, en los titulares, en las palabras, inclinan hacia un lado o hacia otro las percepciones de la gente. Da igual que hablemos de una campaña, de una estrategia o de una presentación al cliente. El lenguaje genera realidades, lo sabemos por experiencia pero, ¿tenemos esto en cuenta también fuera del ámbito profesional?

Lenguaje-pensamiento-acción-resultados. Las palabras marcan lo que puede ser. Y como dice Pepsi, lo que puede ser, puede ser muy bueno, así que vamos a elegirlas bien.

 

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Jóvenes leones

Hace un par de semanas estuve en Barcelona impartiendo una clase en un post-grado de la Universidad Pompeu Fabra. La cosa iba de coaching aplicado a la dirección de equipos creativos, que es mucho más que gestionar personas: es gestionar personas muy especiales con ideas potentes y sentimientos a flor de piel, y a veces encontrados. Es gestionar talentos, egos, inseguridades, presión y pasión. Desde mi punto de vista, un auténtico privilegio, la verdad.

Había jóvenes leones que ya ejercían como directores creativos y otros que lo harán en un futuro próximo. Había mucho interés y una pizca de escepticismo, como siempre ocurre, que -también como siempre ocurre- fue desapareciendo poco a poco según iba transcurriendo la clase. Había una fantástica mezcla de atención, expectativas, ganas de aprender y de divertirnos. Me pareció un buen grupo, la verdad, y creo que resultará un muy buen equipo, todos ellos unidos en sus diferencias.  Porque la diferencia siempre suma, y al final el todo es mucho más que la suma de las partes.

Eché mano del coaching, claro está, y pusimos en marcha durante la clase dinámicas destinadas a visualizar los vínculos que se crean en los equipos, los invisibles, poderosos, sutiles y permanentemente presentes vínculos que unen o desunen a los miembros de un equipo. Todo lo que hacemos, por pequeño que sea, tiene una influencia en los demás. Un equipo es un sistema. Y además humano, ahí es nada.  Hablamos de las diferencias entre equipos víctimas y equipos responsables, de emocionalidad positiva y negativa, de equipos creativos y de tipos de creativos, de ideas, de tipos de ideas y de cómo identificar las verdaderamente buenas. De cómo superar las crisis en los equipos creativos, que haberlas haylas, como las meigas, e incluso en mayor cantidad, hablamos de cómo utilizar el poder del reconocimiento y la recompensa para lograr mejores resultados y generar equipos de alto rendimiento y cerramos con unas conclusiones, que os dejo aquí por si pueden resultaros útiles. Están pensadas para equipos creativos, pero os aseguro que sirven para todos los demás:

1. Todo lo que hace un miembro del equipo afecta al equipo (sistema interconectado)

2. Construye emocionalidad positiva. Es la clave el éxito.

3. Forma equipos responsables y no víctimas.

4. Recuerda que gestionas personas e ideas.

5. La diferencia suma: mezcla el talento.

6. Anticípate.

7. Habla, habla, habla. Potencia la comunicación fluida y transparente.

8. Rodéate de gente mejor que tú.

Me pareció curioso que lo que más llamó la atención fue lo de rodearse de gente mejor que uno mismo, principalmente porque casi todos los alumnos coincidieron en que muy pocos directivos querrían contratar gente mejor que ellos. Lo cual podría ser cierto y una verdadera pena, porque quizá ese sea el primer paso para lograr un equipo de alto rendimiento, de esos que brillan con luz propia gracias a la calidad de sus talentos. Esperemos que estos jóvenes leones del siglo XXI tengan la suficiente autoconfianza como para rodearse de los mejores. Sólo así llegarán a lo más alto.

 

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La chispa de la vida

Una vez le dije a un maravilloso amigo mío que tenía luz hasta en las sombras y se emocionó bastante. Hace muy poquito un publicitario me dijo que por primera vez había podido ver algo de luz en él. Yo misma a veces veo que tengo mi luz interior a pleno rendimiento y otras veces siento que se apaga poquito a poco. La luz, nuestra luz interior, esa chispa de la vida que siempre está en nosotros con más o menos intensidad, aunque a veces no nos demos cuenta  Pero ¿de dónde viene la luz interior? Y ¿de qué depende que resplandezca como un faro en la noche (gracias, Ferrán) o que se le acaben las pilas como a una linterna comprada en un chino (gracias, David).

En el colegio nos enseñaron que podemos ver los objetos porque la luz que se refleja en ellos llega hasta nuestros ojos. Y que la reflexión de la luz es el cambio de dirección que experimenta un rayo luminoso al chocar contra la superficie de los cuerpos. También que la luz blanca se compone de los distintos colores del arco iris. Si tomáramos la física como base para establecer un paralelismo, podríamos decir que la luz interior que cada uno de nosotros emite es una combinación del reflejo de las influencias, experiencias y enseñanzas que hemos vivido y de la capacidad que cada uno de nosotros tiene para absorberlas y posteriormente reflejarlas. Esto influye en cómo nos ven los demás y también en cómo nos vemos a nosotros mismos. Y esa luz resplandece más o menos en función del estado de ánimo en el cada uno de nosotros se encuentre.

A la espera de que Coca-Cola haga públicos los resultados de su Segundo Congreso Internacional de la Felicidad, que se ha celebrado durante el fin de semana pasado, y nos ilustre un poco más sobre el tema, mi reflexión es que cuando nos sentimos felices, tranquilos y en armonía, la luz que emitimos es más cálida, más evidente, más agradable. Se escapa por nuestros ojos, por nuestra sonrisa, por nuestra piel y nos hace resplandecer. Nos sentimos bien, lo reflejamos en nuestra actitud y los demás pueden verlo con toda claridad. Por el contrario, cuando estamos tristes, insatisfechos, confusos, desasosegados, nuestra luz interior pierde intensidad, nos sentimos más apagados y no sólo son los demás los que no pueden ver nuestra luz, sino que incluso nosotros mismos dejamos de verla. Lo que no significa que no esté ahí, esperando el momento en que seamos capaces de pulsar el interruptor de nuestros estados de ánimo positivos para encender de nuevo todo aquello que nos hace brillar.

Porque todos tenemos luz, más o menos intensa dependiendo de las circunstancias. Y podemos encenderla y emitirla con mayor intensidad cuanto más positivo sea nuestro estado de ánimo. Así que yo, cuando estoy un poco apagada, pongo en marcha algunos trucos:

1. No perder la perspectiva. A veces hay cosas que nos abruman o nos entristecen, pero seguro que otras van bien y nos hacen felices.

2. Sonreír, sonreír, sonreír. Este gesto moviliza algunos músculos del rostro que activan la segregación de las hormonas responsables de las emociones positivas. Sonreimos y nos sentimos mejor.

3. Tener conversaciones positivas conmigo misma, que activarán pensamientos positivos y provocarán emociones positivas. Incluso de las situaciones más adversas se pueden obtener aprendizajes para vivir más felices.

Y además nunca olvido que buena parte de mi luz es también el reflejo de lo que me veo en los demás y de lo que me aportan, así que disfruto de los amigos, de la familia, de mi mascota y de todo bicho viviente que llevo en el corazón.  Porque al final es ahí donde está la verdadera chispa de la vida. La que enciende la luz interior que nos hace resplandecer.

 

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Yo soy de ibérico

Esto es lo que decía Loles León en una reciente campaña de publicidad en la que nos contaba  (y cantaba) las bondades del jamón ibérico. Yo me declaro públicamente fan del ibérico en todas sus formas, aunque qué queréis que os diga, es la declaración, el “Yo soy de Ibérico”, lo que me chirría un poco. Y no por el slogan en sí, que tiene su aquel (aunque la campaña sea otro tema). No, me refiero a la declaración en sí misma que, vista desde el coaching podría considerarse un poco limitante.

En el anterior post hablábamos de la influencia que tiene lo que nos decimos a nosotros mismos en nuestros pensamientos, estos en las acciones que llevamos a cabo y estas últimas en los resultados que obtenemos.  Pues bien, cada vez que decimos cosas como “es que yo soy así”, o “yo soy muy tímido”, “yo soy muy lanzado” “yo soy muy torpe”, por poner algunos ejemplos de entre las infinitas declaraciones posibles, nos estamos limitando, nos estamos cerrando caminos,  estamos diciéndonos que somos de una manera y por tanto no podemos ser de otra.

Sin embargo, si cambiáramos el discurso y en vez de decirnos “yo soy así” nos dijéramos “en determinadas situaciones me comporto así”, en vez de limitarnos a una única forma de ser y por tanto de actuar,  nos abriríamos a nuevas posibilidades de ser y hacer cosas diferentes en otras situaciones. Por ejemplo, no es lo mismo decir “soy una persona agresiva” que decir  “cuando me quieren obligar a hacer algo que no quiero me comporto demanera agresiva”. En la primera declaración me estoy diciendo a mi misma que la agresividad es un rasgo de mi carácter, y por tanto podría considerarlo como algo permanente. En la segunda declaración me estoy diciendo que hay una situación en la que me comporto de forma agresiva, pero eso no quiere decir que yo lo sea habitualmente. Y eso me abre muchas posibilidades de ser, aprender y mejorar.

Me encanta el ibérico, si señor, pero también las anchoas de Santoña, el tinto de Somontano, los pimientos de Padrón o el arroz de Calasparra. Porque no quiero limitarme y en mi interior tengo todo lo necesario para ser capaz de ser y disfrutar muchas cosas diferentes. Y todo empieza por cómo me lo digo a mi misma.

 

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