Anuncios Blogs

Publicidad

Intro

    Señales de humo

          por

Primera regla invariable del marketing

Los días de verano son una trampa para los periodistas, me dijo una vez un conocido articulista de prensa. Y lo argumentaba: como no hay noticias, buscamos y rebuscamos y a veces encontramos una noticia, en principio insulsa y baladí, pero que, como nadie tiene otra cosa que hacer, se convierte en algo importante y comentado, de lo que todo el mundo quiere hablar y que se va enredando, enredando, hasta que alguien acaba llamando a tu periódico para preguntarle a tu director quien ha sido el que ha destapado el “escándalo”. Ni qué decir tiene que lo que preocupaba a mi contertulio era su propia conversación con su propio director.

Es verdad que estos caniculares días cuesta encontrar algo de lo que nos apetezca  escribir, porque lo que de verdad nos apetece, es salir por la noche, al fresquito, con una camisa blanca de lino, en una terracita, a poder ser muy alta, con una copa balanceándose entre los dedos y una divertida charla entre amigos y, pensando, pensando, he recordado una historia de hace ya, por desgracia para mí, bastantes años.

Fue en uno de esos inolvidables veranos de los 80. Un amigo decidió abrir un local en la Sierra de Madrid, donde los dos veraneábamos (bueno, en lo que antes era la Sierra de Madrid, porque, actualmente, el pueblo en cuestión, parece más un distrito de la capital que un pueblecito de montaña) Había convencido a su abuelo para que le cediese la casa de piedra que tenía, pero que no utilizaba, con la parcela de 3.000 metros cuadrados que la colindaba, para montar un bar de copas como los que estaban funcionando por la zona en esa época. Basaba la decisión de negocio en algo verdaderamente simple, pero más que razonable: el dueño de la parcela adyacente ha montado un bar en su chalet y se está forrando.

Montó su propio local, mucho más bonito y cuidado que el de al lado, las copas al mismo precio y el día de la inauguración… en el local competidor seguía habiendo tortas para pedir una copa, que había que sacarse a la calle porque dentro de la finca no cabía un alfiler, mientras que el local de mi amigo estaba prácticamente vacío. ¿Cómo es posible?  al menos el 50% de los que entraban en el local anejo habían tenido que pasar por delante de la puerta del nuestro, con un precioso jardín, perfectamente iluminado, mucho más propenso para la promiscuidad y el ligoteo que, a la sazón, era la razón por la que todos salíamos por la noche.

Entonces no había compras grupales para tratar de animarlo, ni redes sociales para difundirlo, ni marketing de buscadores para comprar las keywords “movida madrileña”. Pero ya estaban puestas las bases del marketing, esas que han permanecido siempre invariables, aunque nos  hayamos empeñado en digitalizarlas. Especialmente esa que dice:

“la gente hace lo que le da la gana, no lo que a ti te parecería razonable”

Espero que hayáis tenido un verano tan maravillo como los que yo pasaba en el extinto pueblecito, ora casi distrito capitalino.

Eduardo Vázquez

@vazquezeduardo

TrackBack

URL del Trackback para esta entrada:
http://www.typepad.com/services/trackback/6a00e008db1b53883401901f088ef8970b

Más abajo hay una lista de los enlaces de los blogs que hacen referencia a Primera regla invariable del marketing:

Comentarios

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Secciones

Publicidad

junio 2017

dom. lun. mar. mié. jue. vie. sáb.
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30