He tenido a mi madre ingresada dos semanas. Tranquilos, no os voy a contar nada lacrimógeno, que ya tenemos bastante. Pero el tema fue serio y esas cosas afectan emocionalmente. Así estaba yo la semana pasada cuando recibí una llamada de un conocido coach que también es amigo. Me llamaba para darme ánimos. Al final de la conversación me dijo la siguiente frase: “eres coach, no olvides que tú puedes gestionar tus emociones” Ahhhh, fue balsámico. Estaba tan metida en lo que estaba ocurriendo, tan secuestrada por mis propias emociones negativas que olvidé una de las más importantes ventajas que te enseña el coaching: la capacidad de elegir con qué emociones te quedas y cuáles desechas. Impresionante, fue automático, de repente me rehice, recordé el poder que tengo sobre lo que siento y los nubarrones sobre mi ánimo fueron desapareciendo como un barco en la noche, que diría Ogilvy.
Pasó la tempestad y por fin llegó la calma. Con más tiempo y menos preocupaciones he tenido ocasión de pensar mucho en esto que os cuento. Y ni os imagináis cuántas veces que me he dicho a mi misma: “la de disgustos, cabreos, noches sin dormir y nervios que me habría ahorrado cuando trabajaba en publicidad si hubiese tenido los recursos del coaching”. Así que os voy a dar algunos trucos para que podáis manejar vuestras emociones en los momentos necesarios. Ojo, que esto no es mágico, pero es serio y funciona. Hay que probar, practicar e insistir. Pero la práctica (y sobre todo la toma de conciencia) hace al maestro, y si queréis lo conseguiréis.
Daniel Goleman, en su libro Inteligencia Emocional, habla del secuestro de las emociones. Llegan inesperadamente, se instalan en nosotros y nos invaden, perdemos el control sobre ellas, quedamos a su merced. Esto ocurre a causa del funcionamiento normal de nuestro cerebro límbico. Vaya por delante que nuestro cerebro está formado por un conjunto de “tres cerebros” que se han ido formando en diferentes momentos de la evolución y que tienen también funciones diferentes: el cerebro reptil, el más primitivo, se encarga de los instintos básicos para la supervivencia. El cerebro límbico, que se formó en una fase posterior de la evolución y rodea al reptil, se ocupa de las emociones, y por último, el más reciente, el neocortical controla las funciones del pensamiento y del lenguaje y nos permite ser racionales.
Cuando llega una emoción negativa nuestros cerebros prehistóricos, el reptil y el límbico, toman el poder y prácticamente anulan al cerebro neocortical. Es entonces cuando las emociones y los instintos se hacen los amos, y luego pasa lo que pasa. Por eso es importantísimo aprender qué hacer para que el neocortical tome de nuevo el mando. Ayudarle a retomar el poder nos volverá de nuevo “racionales”, nos ayudará a tranquilizarnos y evitará que perdamos el control y hagamos o digamos cosas de las que luego podríamos arrepentirnos.
¿Y esto cómo se hace? Pues mediante una secuencia de 4 pasos:
1- Cuando veo que una emoción negativa se ha instalado en mi, respiro hondo.
2- La identifico, pongo un nombre a mi emoción. Vale cualquiera. Puede ser algo como “ya está aquí la frustración” o bien “ya ha llegado Manolita”. Vale lo que a cada uno le ayude más.
3- Pienso en qué juicio o punto de vista me ha llevado a sentir esa emoción y también lo identifico.
4- Busco perspectivas diferentes y positivas para el hecho que me ha provocado esa emoción. Esto es importantísimo, es clave empezar a ver las cosas de otra manera y recuperar el control. Cuando consigo esto, mi cerebro racional ya tiene de nuevo el control y por tanto yo también lo tengo. Ya no estoy secuestrado por la emoción y estaré en condiciones de hacer o decir cosas de las que luego no me arrepentiré.
Como os digo este mecanismo se puede entrenar. Y entrenar significa practicar, porque a la primera no sale, pero llega un momento en el que empezamos a tomar conciencia de lo que nos está pasando y ya sólo con eso empezamos a recuperar el control.
El coaching es un tipo de entrenamiento para mejorar el desempeño en cualquier ámbito. Controlar las emociones para estar en condiciones de decidir, hablar y actuar racionalmente forma parte de un buen desempeño. Por eso, estos 4 pasos que hemos visto hoy os ayudarán mucho en lo profesional, pero también en lo personal. Aprenderéis a vivir más tranquilos, sin tantas preocupaciones, enfados y decepciones. Así que ya lo sabéis, la próxima vez que os venga una emoción negativa, tomaros un respiro, una especie de kit-kat emocional que os ayudará a reencuadrar la situación, a recuperar el control sobre vosotros mismos y a vivir mucho más felices.
titicoaching@gmail.com
Titi López trabajó más de 20 años en publicidad.
Ahora es coach personal, ejecutivo y de equipos.
Ha creado el método marketingcoaching®.
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