Los nuevos presidentes.
He tenido muchos presidentes. Tantos que ahora mismo no sería capaz de recordar sus caras. Si cerrara los ojos les vería de pie en la galería de un museo de cera con sus trajes caros: algunos echándome, moviendo sus mandíbulas como autómatas y señalándome la puerta sin dejar de sonreír; otros hablando por un rupestre teléfono móvil del tamaño de un zapato y con el nudo de la corbata estrangulándoles. He tenido y padecido tantos presidentes que ya no sé qué hacían en esos despachos: si sólo compraban acciones o si le encargaban a sus secretarias que mandasen el coche a arreglar o quizá alguno (los menos) ascendiendo esa montaña desde la que siempre se ve un trozo de lo que está por llegar.
Como todos somos consecuencia de nuestro tiempo me pregunto en qué ha cambiado la misión de un máximo responsable de agencia a lo largo de estos años. Tener una casa en La Moraleja ya no parece ser el objetivo o al menos no del que se habla. La realidad ha traído otros problemas, otras cábalas que solucionar en el silencio enmoquetado de sus despachos. Afortunadamente han llegado otros, los nuevos, los que rehúyen los coches de gama alta y las acciones en un campo de golf, los que imaginan un nuevo modelo empresarial que, aunque empujado por la crisis, venga a inventar el futuro. O a retarlo. O a intentarlo.
El otro día estuve en el despacho de uno de esos presidentes con ojos de visión nocturna. Me recibió en su despacho de proporciones razonables y ante una mesa cuya madera no tenía sangre azul estuvo hablando conmigo. Le imaginé delante de uno de sus clientes haciendo lo mismo, desarrollando ese minúsculo milagro humano de la comunicación. Ahora, cuando parece que la integración es el maná que nos dará de comer el resto de nuestros días, es el tiempo de los milagros caseros, de las conversaciones, de mirar a nuestro entorno a los ojos y sacar conclusiones. Las redes sociales han copiado este empeño del nuevo siglo. Las órdenes ya no caen en cascada: se fundamentan en una relación múltiple encargada de generar beneficios para todos. No he estado en el despacho del presidente de Google ni en el de Pixar pero creo que deben ser parecidos. El valor ya no es la calidad del cuero italiano de las sillas ni el aroma del café. Esa representación ya es historia, como aquellos encantadores teléfonos móviles que usaba Michael Douglas a principios de los noventa de camino a su jet.
El presidente de una agencia es el que menos tiempo debe permanecer sentado en su despacho, el que más kilómetros debe hacer cada jornada, el encargado de coger la bandera (la marca) cuando esté en el suelo, el que enciende y apaga las luces cada día, el que habla, el que mira, el que saca el dedo por la ventana para ver de dónde sopla el viento. El presidente es el embajador de la marca, su prescriptor y su rehén, por eso es importante que vengan los nuevos, los que entiendan esto y lo apliquen con retórica cero, la mejor retórica del mundo.
No puedo estar más de acuerdo contigo.
Publicado por: Mireia | miércoles 6 de octubre de 2010 en 13:19
¿No será que estás buscando trabajo?
Publicado por: Anónimo | miércoles 6 de octubre de 2010 en 20:33
Gracias por tu comentario, Mireia; sí, imagino que somos muchos los que lo pensamos. Y al que me pregunta que si estoy buscando trabajo simplemente decirle que nunca se sabe. Un saludo a los dos.
Publicado por: luis acebes | miércoles 6 de octubre de 2010 en 21:55
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Publicado por: hermes | sábado 9 de octubre de 2010 en 8:15
Muchas gracias, Hermes, dios de esas corbatas de seda tan caras.
Publicado por: luis acebes | domingo 10 de octubre de 2010 en 14:28
Hola Luis, un post tan lúcido como sorprendemente necesario. Parece obvio pero se nos olvida en el ajetreo diario que el "presi" es el que debería mover el culo diariamente buscando, creando y reteniendo negocio.
Permíteme una concreción, supongo que te refieres a Michael Douglas como actor y no a su alter ego "Gordon Gekko" pues este último es de principios de los 80 y no de los 90.
Un abrazo.
Publicado por: Gabino | lunes 11 de octubre de 2010 en 14:42
Muchas gracias por compartir opinión aquí. Sí, lo que escribí es obvio, lo sé, pero me alegra que también pienses que es necesario. Sobre tu matización creo que ninguno de los dos estamos en lo cierto. La película a la que me refería es Wall Street y resulta que se estrenó en 1987: esa sí que era obvia e innecesaria pero fue el referente estético y moral de toda una generación de presidentes. En fin, estas cosas son así. Un abrazo.
Publicado por: luis acebes | lunes 11 de octubre de 2010 en 14:59
Hermes, dios de esas corbatas de seda tan caras.
Publicado por: louis | domingo 31 de octubre de 2010 en 8:41
Hola Luis, un post tan lúcido como sorprendemente necesario. Parece obvio pero se nos olvida en el ajetreo diario que el "presi" es el que debería mover el culo diariamente buscando, creando y reteniendo negocio.
Publicado por: tiffany | domingo 31 de octubre de 2010 en 8:44
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Publicado por: uggs outlet | jueves 4 de noviembre de 2010 en 3:55
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Publicado por: supra | jueves 18 de noviembre de 2010 en 9:51