La soledad de los canales temáticos.
La televisión se inventó para que los matrimonios no se mirasen a los ojos al llegar a casa después de trabajar. Se trataba de sentarse y dejarse atrapar por un western o por una cancioncilla para vender detergente. Mirarse a los ojos y descubrir que no tienes nada que decir atenta contra los principios de una sociedad avanzada. En base a esta ley (siempre las grandes fortunas se han hecho aprovechando las carencias humanas) se implantó uno de los mayores negocios del siglo veinte. Pero, ¿qué pasa ahora? Pasó la época de los concursos y llegó Internet arrastrando a todos los que se aburrían delante de esa caja que ahora es plana. Para contrarrestar surgieron los canales temáticos: cine de los años 40, documentales chinos sobre la represión política, gastronomía francesa por el mundo, caza y pesca, películas españolas del tardofranquismo, maestros rusos del ajedrez. Cada uno un planeta autónomo que no forma parte de ningún sistema que nos sea familiar. Cuando te sientas a ver uno de estos canales te das cuenta de que estás solo. La invención de la soledad contemporánea comparte fecha con la invención de estos universos audiovisuales. Hace ya algunos años, un amigo, que ahora es realizador, me lo dijo: Soy incapaz de ver esos canales, me hacen sentir muy solo. Yo me reía y le imaginaba encogido debajo de la mesa baja de su salón o metido en una campana de cristal, como en esos sueños –modelo Lewis Carroll- que se tienen de vez en cuando. Pero es verdad. Son canales solitarios. O canales para solitarios, que es en lo que nos hemos convertido casi todos en este post consumismo barato que nos rodea.
¿Serán conscientes los planificadores de medios de esta sensación? ¿Las estrategias de medios tienen en cuenta semejantes percepciones intimistas? Cuando entro en cualquier página de Internet no siento lo mismo; es más, mi sensación se podría equiparar a la de la época en que veía La casa de la pradera o ese hombre del tiempo tan repeinado que nunca sonreía por muchos soles que pegara en el mapa. El pasado y el futuro mezclan sus puertas y sus cables cuando menos te lo esperas. Internet es la nueva hoguera social en la que nos calentamos las manos después de trabajar. Nunca más estaremos solos.
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