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    Personas y marcas

          por

Indecente TV

Los televisores deberían venir preparados con un sistema de bloqueo para defenderse de los programas que ofenden la sensibilidad social de la audiencia. ¿Qué es más pornográfico, ver a dos personas practicando sexo o a una señora que mientras bebe champán te dice que tiene un ropero que vale más de un millón de euros? Me pregunto qué fin pretenden este tipo de programas que sacan a relucir la ostentación del dinero, la desmesura, el derroche y la vulgaridad. Cuando yo era pequeño salían dos rombos al principio de una película y sabías que a los diez minutos estabas en la cama. Ahora es más difícil. Estos programas llegan sin avisar, disfrazados de un carácter documental o cámara en mano que parece que les absuelva de todos sus pecados.  Es como si la cadena te dijese: “no soy yo, pasaba por aquí y le di al play de la cámara”.

Las grandes marcas hablan de responsabilidad social, de sostenibilidad, ¿por qué las cadenas de televisión se quedan fuera de este baile? ¿no va con ellos esa tendencia? Durante veinte minutos vemos casas de millonarios, caprichos de ricos que sin pudor se exhiben ante la cámara como si fuera algo natural. Después hay un corte publicitario y llega un anuncio de niños que soplan globos en campos de trigo o multitudes que se dan la mano simbolizando una nueva era de compromisos sociales acompañadas de la voz de un locutor empalagoso que te acaba vendiendo un móvil o un plan de pensiones, da igual. Después vuelven los millonarios a la carga. ¿Qué sentido tiene todo esto? Los que planifican los espacios deberían ser conscientes de la esquizofrenia colectiva que causan este tipo de contradicciones y seguro que no les será trabajoso sospechar que ese no es el camino que conduce a la sostenibilidad. Sí, sostenibilidad. No es que se acaben sólo los recursos naturales para mañana, sino que terminemos también con los recursos morales de una sociedad. Qué fariseos somos. Nos rasgamos las vestiduras si alguien no recicla bien sus basuras pero somos incapaces de levantar la voz ante hechos que atentan contra la verdadera y auténtica ecología humana.

Luego dicen que los menores de treinta años ya casi no ven la tele y que prefieren refugiarse en Internet. Yo también lo hago aunque haya cumplido los cuarenta. Y lo hago por asco e indignación en muchos casos. Porque no soporto que hieran mis sensibilidades con tanto descaro. Seguro que habrá más de un comercial con traje caro que me diría: “¿y qué quieres, obras de Shakespeare las veinticuatro horas?”. “No pretendo eso”, le contestaría, “pero tampoco quiero que la única cultura por la que apuestes sea la del dinero”.

En tiempos de crisis las cadenas deberían pensar en cómo lo están pasando sus espectadores; deberían mostrar cierto respeto y cierta adhesión ante sus realidades, que por otra parte no son tan difíciles de imaginar.

Todo esto es indecente y me entristece tener que hablar de algo así en una sociedad occidental supuestamente avanzada, adulta y democrática. Pero tenía que decirlo y ya de paso comunicarles que no cuenten conmigo. Seguiré usando mi televisor como hasta ahora: una pantalla para ver cine.

 

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Comentarios

Luis Acebes

Sólo una cosa: en el fragor de la indignación bailé el rec por el play en la cámara de la que hablaba. No quisiera herir la sensibilidad de nadie. Un saludo a todos.

Ivan

Completamente de acuerdo, Luis. Y para colmo, no tienen ningun empacho en emitir estas y otras bazofias; y al mismo tiempo lanzar campañas sociales por Haiti, las mujeres maltratadas, etc..

Como marcas, credibilidad poca, poquita.

Saludos


Luis Acebes

Cierto, Ivan. Es una vergüenza asistir a este espectáculo. El panorama televisivo en España es bastante lamentable: proliferación de canales basura que sólo son soportes publicitarios con contenidos de dudosísimo interés y calidad que no hacen nada por nadie. La única salida es refugiarse en canales temáticos que te aseguren un estandar de calidad sin sorpresas desagradables. Está claro que si quieres algo bueno tienes que pagarlo. Maldito mundo este.

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