Sufro cansancio corporativo.
Confiaba en que el marketing social fuese mi tabla de
salvación en medio de esta absurda y pegajosa marea de mensajes y actitudes
corporativas que han impregnado la vida privada de las personas. Pase que
los botes de Actimel hayan ocupado el hueco que dejaron los viejos médicos de
cabecera y que desde su corta altura de envase de plástico pregonen las
bondades de una nueva vida con partículas que mejoran las defensas, pero que
las personas empiecen a comportarse como marcas de andar por casa es
preocupante. El otro día escuché a una madre decirle a su hijo de ocho años que
iba a cambiar su timing de ocio, a lo que el niño pensaría que: a) su madre es
imbécil, b) el mundo sufre cansancio corporativo. Cierto que en todas las épocas
los estúpidos se han amparado en cualquier corriente para afianzar sus
posiciones (estúpidas, obviamente) de cara al mundo y su autocomplacencia.
¿Mejorará Actimel mis defensas contra el mundo que me rodea? He de ponerme en
contacto con el servicio de atención al cliente de la marca para que me saque
de dudas. Ni los grupos sociales ni la publicidad que puebla mi red ni
las acciones especiales de las que siempre se esperan nuevos soplos de frescura
consiguen que me recupere de este fatal cansancio. ¿Será que la esencia de lo
que conocemos como mercado es la que está en profunda crisis? Cuando éramos pequeños leímos eso de que las palabras son
fuente de engaño. Me gustaría saber que pensaría el bueno del Principito si
estuviera hoy entre nosotros. Lo corporativo lo ha inundado todo; nos ha calado
hasta los huesos y ahora somos micromarcas desorientadas que luchan por una
notoriedad existencial. Perdón a los lectores de Schopenhauer. Perdón a la
gente que no pertenece a ninguna red ni a ningún tedioso plan de fidelización
de operadora móvil, seguro médico, compañía aérea o franquicia de juguetes
sexuales. Joder, ¿por qué cansa todo tanto? ¿será que mi timing de ocio está
obsoleto? Llegará un día (no muy lejano) en que nadie nos diga “hola” sin más,
sin que medie un popup ni un link a zonas subliminales en las que acabemos dando los
dígitos de nuestra tarjeta de crédito.
Hace años los anuncios corporativos empezaban con textos
como: “…sólo una gran compañía líder mundial puede ofrecerte el servicio más…”
Lo escuchabas y decías, bueno, está bien, es como escuchar a un abuelo vanidoso
hablando de cuando estuvo en la guerra. Lo malo es que ahora esas mismas
compañías me dicen que me quieren, que me entienden, que mi felicidad es la base de su estrategia mundial, que
estarían dispuestas a tumbarse conmigo a contar estrellas una noche de verano.
¿Por qué? ¿Qué hemos hecho para merecer esto? Creo que debemos inventar otro
juego, con otro lenguaje, con otras intenciones. Nuestra salud mental debe ser
tan sostenible como el futuro que las grandes marcas quieren para mí, ¿no crees?
Poca broma, esto es justo lo que hace ya algún tiempo algunos venimos advirtiendo. Si tuviera que volver a elegir carrera profesional no lo dudaría: psiquiatría y nada de marketing-medios-publicidad porque en el futuro que se nos avecina todos estaremos locos de atar. Tiempo al tiempo.
Publicado por: CAPA | martes 13 de abril de 2010 en 13:02
Puede que tengas razón, quién sabe, quizá estemos locos ya y no nos demos cuenta. Quizá la comunicación comercial se haya metido demasiado dentro de nuestras vidas haciendo que todo sea susceptible de comprarse, venderse o alquilarse. Supongo que dentro de poco asistiremos al fenómeno contrario y servirá para hacer limpieza, balance y ponga un poco de sensatez a todo esto. Creo que personas y marcas tienen que aprender a convivir en un espacio cada vez irremisiblemente más humano.
Publicado por: Luis Acebes | martes 13 de abril de 2010 en 13:37
No te preocupes, Luis, que todo volvera a su cauce, a un cauce distinto, posiblemente, pero mas razonable y con mas sentido. No se con exactitud tu edad, pero me imagino que no has vivido de primera mano el fenomeno del destape en Espana, al final de la dictadura y principios de la democracia, cuando tetas y culos (Nadiuska, cuanto te echamos de menos) invadieron hasta el hastio el panorama patrio. Y ahora ya ves, han vuelto a su espacio natural - las tetas y culos, me refiero. Lo mismo pasará con nuestra "metamorfosis en marcas de andar por casa". Muchas gracias por tus inspirados posts. Ezequiel.
Publicado por: Ezequiel Trivino | martes 13 de abril de 2010 en 16:46
Cuánto honor, Ezequiel. Pues sí, ojalá cambie el panorama y nos traiga una realidad más vivible. Soy del 66, me tocó ver las tetas de la gran Nadiuska de refilón, alternándolas con otras tan deliciosas como las de Laura Antonelli y esas maravillosas películas "S" tan de moda a finales de los setenta, ¿qué habrá sido de ellas? En fin, el tiempo y su apisonadora. Para mí también es un placer leerte. Un abrazo.
Publicado por: Luis Acebes | martes 13 de abril de 2010 en 17:34