Está ocurriéndome algo muy curioso
Recuerdo la primera vez que tuve un Ipod en mis manos, me fascino -como a la mayoría de los varones, me encantan estos objetos-, poder tener miles de canciones ahí dentro era algo increíble.
Ahora tengo un Ipod en el que caben quince mil canciones. Pero casi siempre escucho las mismas, unas doscientas, las otras miles restantes simplemente las tengo. Y la mitad de ellas me atrevería a decir que no las he escuchado nunca.
Tengo más de doscientos canales de televisión, pero sólo veo diez de ellos, cinco de verdad.
Y en realidad, entre los cientos de series que existen y puedo ver, sólo sigo como mucho dos.
Hay infinitas páginas en internet, pero básicamente, siempre entro en las mismas.
Y ya he perdido la cuenta del número de amigos que tengo en el facebook. Pero amigos de verdad, con los que me vaya a cenar, tengo sólo unos cuantos. Los normales vamos.
La era digital, nos ha traído un infinito de posibilidades. Pero tanto de todo, también satura. Sencillamente, no tenemos tiempo, ni ganas. Así que poco a poco y de manera casi inconsciente, se intenta encontrar refugio en la sencillez.
En un viaje por Japón hace tres años, entre en una abigarrada tienda de electrónica donde la oferta de producto era inabarcable. Al principio, era una gozada, pero a los diez minutos querías salir corriendo de allí. Todo lo contrario ocurría en la tienda de Apple. Poco producto, exquisitamente expuesto y de manera sencilla. Podías estar horas.
Con la publicidad tengo un poco la misma sensación. Habiendo un millón de posibilidades, querremos explorarlas todas llegando al grado máximo de complejidad hasta llegar a la conclusión de que todo puede ser más fácil.
Ganará el que lo consiga hacer más fácil. La estrategia más fácil, la creatividad más fácil, la planificación más fácil.
Un jurado de San Sebastian el año pasado me explicaba que a otro miembro del jurado le encantaba una campaña que habían premiado, pero pensaba que era para vender una cosa que en realidad no era tal. No había entendido la campaña pero le encantaba.
El otro día cenaba con un colega, el Rafa Antón, y dijo una frase que me gusto mucho y que con su permiso repito “hay mucha gente interesada en que este trabajo parezca mucho más difícil de lo que en realidad es” y yo no puedo estar más de acuerdo con él.
Algunos pueden pensar que complejidad es igual a valor. Pero lo realmente valioso y complejo es hacer algo simple.
De muestra, Apple.
Ahora tengo un Ipod en el que caben quince mil canciones. Pero casi siempre escucho las mismas, unas doscientas, las otras miles restantes simplemente las tengo. Y la mitad de ellas me atrevería a decir que no las he escuchado nunca.
Tengo más de doscientos canales de televisión, pero sólo veo diez de ellos, cinco de verdad.
Y en realidad, entre los cientos de series que existen y puedo ver, sólo sigo como mucho dos.
Hay infinitas páginas en internet, pero básicamente, siempre entro en las mismas.
Y ya he perdido la cuenta del número de amigos que tengo en el facebook. Pero amigos de verdad, con los que me vaya a cenar, tengo sólo unos cuantos. Los normales vamos.
La era digital, nos ha traído un infinito de posibilidades. Pero tanto de todo, también satura. Sencillamente, no tenemos tiempo, ni ganas. Así que poco a poco y de manera casi inconsciente, se intenta encontrar refugio en la sencillez.
En un viaje por Japón hace tres años, entre en una abigarrada tienda de electrónica donde la oferta de producto era inabarcable. Al principio, era una gozada, pero a los diez minutos querías salir corriendo de allí. Todo lo contrario ocurría en la tienda de Apple. Poco producto, exquisitamente expuesto y de manera sencilla. Podías estar horas.
Con la publicidad tengo un poco la misma sensación. Habiendo un millón de posibilidades, querremos explorarlas todas llegando al grado máximo de complejidad hasta llegar a la conclusión de que todo puede ser más fácil.
Ganará el que lo consiga hacer más fácil. La estrategia más fácil, la creatividad más fácil, la planificación más fácil.
Un jurado de San Sebastian el año pasado me explicaba que a otro miembro del jurado le encantaba una campaña que habían premiado, pero pensaba que era para vender una cosa que en realidad no era tal. No había entendido la campaña pero le encantaba.
El otro día cenaba con un colega, el Rafa Antón, y dijo una frase que me gusto mucho y que con su permiso repito “hay mucha gente interesada en que este trabajo parezca mucho más difícil de lo que en realidad es” y yo no puedo estar más de acuerdo con él.
Algunos pueden pensar que complejidad es igual a valor. Pero lo realmente valioso y complejo es hacer algo simple.
De muestra, Apple.
Bienvenido Alberto. Un post muy interesante. Y añadiría alguna cosa importante acerca del caso Apple: no hacen investigación de sus nuevos productos. Se adelantan a las necesidades de sus clientes, que realmente no están demandando nada. Asumen un riesgo que hay que alabar. No son los más grandes, no son los más poderosos, pero intentan ser los primeros y los más distintos. A veces se equivocan pero casi siempre aciertan. Y publi la justa.
Publicado por: observator | viernes 30 de abril de 2010 en 8:19
¡hola Alberto!
estoy totalmente de acuerdo contigo. Queremos tenerlo todo,; el ultimo modelo, pero nunca le sacamos el máximo rendimiento.
Publicado por: olite | lunes 3 de mayo de 2010 en 12:15
"menos es más"
ha sido así toda la vida.
Publicado por: ricard gresa | lunes 3 de mayo de 2010 en 14:10
Expone Allan Poe en su relato "Los Crímenes de la Calle Morgue" que hay que ser más inteligente para jugar a las damas que al ajedrez. En el ajedrez la complejidad hace que existan mil posibilidades, piezas con multitud de movimientos, reglas... La complejidad hace que parezca cosa de inteligentes pero, ¿no es más inteligente el que con sólo dos reglas y media termina derrotando al otro?
totalmente de acuerdo con el maestro Astorga: la publicidad debe ser algo sencillo, que no simple- No nos perdamos en complejidades absurdas e inútiles y aportemos valor a las marcas con inteligencia. La técnica al servicio del talento y no al revés.
Por cierto, Alberto, fíchame, que quiero hacerlo en DDB Barcelona.
Publicado por: copywriter | martes 4 de mayo de 2010 en 13:26
Keep
It
Simple
Stupid
KISS, es una ley más vieja que la de Murphy y más útil que la de Moore. Incluso sirvió para derrotar a Bush Sr, (it's the economy,...)
Publicado por: luisma | viernes 7 de mayo de 2010 en 11:38