2 de Marzo
Ayer mentaba mccoy al capitalismo y, creí entender, a su pastelera madre. Bueno: en ello está más de uno, en particular quienes están ya sufriendo el ajuste nada fino que se está realizando sobre los costes de la tele. Vaya: la tele, siempre la tele.
Mucho hablamos de cosas digitales, muchos nos preocupamos de los del papel, pero, al final, lo que pinta sigue viniendo por el lado tele. La semana pasada, una semana en la que se habló mucho sobre inversiones publicitarias, hubo quien se mesaba los cabellos ante el despropósito de que los anunciantes -al menos aquellos con los que había hablado recientemente- concentrasen inversión en tele pese a que las oportunidades parecían estar en otro lado y la tele, al final, sólo quería más dinero por el mismo resultado.
Pues mésense los cabellos, amigos míos, y háganlo con cuidado para no castigar mucho el cabello, porque queda para rato de este tipo de situaciones. La tele sigue siendo la tele: mastodóntica en magnitudes al comparar con otros medios, sofisticada como mercado (más que otros medios también) y tremendamente sólida en la explotación de su posición.
Hay toda una cultura de comercialización televisiva que imprime carácter a nuestro mercado y que parte, como no, de un acuerdo general acerca de lo que se mide y de cómo se mide. Es la primera piedra, la angular, y nadie en la tele -nadie- la minusvalora, aunque a veces no lo parezca. Tomar ese ejemplo es buena cosa, caer en sus vicios, no tanto. Pero para incurrir en el riesgo de caer en sus vicios, primero habrá que tener la posibilidad de incurrir en él, así que a ver...
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