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    Personas y marcas

          por

Mahou y una especie de extraña nostalgia te ofrecen este post.

¿Quién no ha arrancado despacio una etiqueta de Mahou de una botella de tercio en un bar mientras escuchaba cómo le estaban plantando o mientras estaba plantando a alguien y lo hacía (me refiero a despegar lentamente la etiqueta con las yemas de los dedos evitando que se rompa) porque en ese momento le daba seguridad o parecía que así el mundo no se iba a acabar? Confieso que yo lo he hecho más de una vez y he visto hacerlo otras tantas. Cuando me fui a trabajar a Barcelona lo primero que eché de menos de Madrid fue pedir una Mahou en un bar, sé que esto parece un anuncio malo pero es que a veces la vida se parece a un anuncio malo; un tipo entra en un bar y pide una Mahou, el camarero le dice que no tiene esa marca, le ofrece otra, el tipo se da media vuelta y sale del bar en busca de otro en el que probar suerte. Es así. Al final me acostumbré a la Estrella. Bueno, bien, el ser humano es adaptación. Los fines de semana que venía a Madrid me alegraba ver a los amigos, pero me alegraba más entrar en un bar y pedir un tercio helado de mi marca de siempre: otro anuncio malo, otro anuncio tan real que ratifica la teoría de que todos nos parecemos mucho y de que la felicidad puede subsistir sin el talento. Me gustaría ser más sofisticado y entender de cervezas, entrar en un bar y soltarle un rollo al camarero acerca del cuerpo y el retrogusto de una marca finlandesa que sorprendiera a mis acompañantes, pero no, creo que debería nacer varias veces para hacer eso. Lo malo de cumplir cuarenta años es que te haces viejo. Lo segundo peor de cumplir cuarenta años es que ya no te bajas del burro salvo en casos de extrema necesidad. ¿Beber cerveza es una necesidad? Para los no iniciados: esto se llama pregunta retórica y la utilizan mucho los planners malos en las presentaciones cuando dicen cosas como “¿debería la marca acercarse a los targets más jóvenes?" Como si el cliente fuera imbécil y fuese a decir que no, que bajo ningún concepto.

Yo estaba hablando de Mahou y me he perdido. Lo bueno de tener una cerveza en la mano es que da gusto perderse, este líquido contribuye a la divagación y la divagación contribuye a las relaciones humanas, por eso es necesario beber cerveza, por eso emociona revolver entre papeles viejos y encontrar un posavasos de Mahou con un teléfono apuntado, un teléfono fijo de la época en que no había móviles y se usaban los posavasos que al día siguiente encontrabas arrugados en un bolsillo de atrás del vaquero. Por eso me gusta que Mahou me diga que me ofrece este partido cuando estoy en casa y veo las chapas colocándose unas encima de otras para construir un botellín en el centro del campo, bien, no tengo nada que objetar, por mí como si patrocinan campeonatos de lucha libre de pulgas, estaré con ellos hasta el final, seré fiel a mis esencias, a mi rudimentaria emotividad. Ah, se me olvidaba, lo tercero peor de cumplir cuarenta años (supongo) es que empiezas a escribir estas cosas.

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Más abajo hay una lista de los enlaces de los blogs que hacen referencia a Mahou y una especie de extraña nostalgia te ofrecen este post.:

Comentarios

Manuel

No sé, Luis, yo era más de quitar el papel de aluminio del cuello de la botella. Pero me ha gustado mucho. Gracias

Luis Acebes

Me alegra que te haya gustado, Manuel. Tienes razón, no había caído en lo del papel de aluminio del cuello de la botella. Veo que eres un profesional del mundo de la barra. Seguro que hemos coincidido en más de un bar. Mis respetos.

observator

La madalena de Proust se transmuta hoy en la etiqueta de Mahou, en el Tigretón relleno de faldas tableadas y calcetines blancos, de besos húmedos de ketchup en el Burger King o en el ruido de la Scoopy que enganchado para siempre en una neurona con el roce de unos pechos juveniles en tu espalda. Son cosas que no hay planificador que pueda planificar. Símplemente la marca tenía que estar ahí.

Luis Acebes

Muchas gracias por tu comentario, Observator. Por cierto, con tu nick te imagino como una mezcla entre Robocop y Azorín, no me preguntes porqué, en cualquier caso es una buena mezcla y por tus reflexiones veo que te va la droga dura de ir en busca de las sensaciones perdidas que nos dejan las marcas. Si es así creo que disfrutarás leyendo mi blog. Ah, gracias por recordarme los maravillosos besos húmedos del Burger King: eso da para todo un monográfico. Un abrazo.

Marián

Que sepas que, para sacarle la etiqueta, lo mejor es la Estrella. Pero no la Damm, la Estrella Galicia, que además después queda fenomenal como escudo decorativo en la solapa de la chaqueta o a modo de tatuaje-calcomanía en el hombro cuando es verano.
Por cierto, a base de anuncios malos te ha salido un post muy bueno.

Luis Acebes

Me alegra que te haya gustado, Marián, y me alegra que los anuncios malos sirvan por lo menos para algo. Nunca he probado la Estrella Galicia pero lo del escudo decorativo me ha llamado mucho la atención, tengo una chaqueta vieja a la que le vendría bien algo de alegría.

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