Hablamos Publicidad
Entre tú y yo: no me lo esperaba. Ahora resulta que los
verdaderos artistas adoran la (buena) publicidad.
Justo ahora, joder.
Ahora, que entre publicitarios lo peor visto es decir
que te gusta la publicidad. Ahora, que no eres cool si no has firmado el certificado de defunción del spot. Ahora,
que todos nos hemos puesto a dar vueltas de 360º sin saber cuando
parar. Ahora que, como cualquier junior sabe, el talento huye despavorido de
las agencias.
Pues ahora, joder, justo ahora va y resulta que esos
seres puros que expresan su creatividad con total libertad, esos ángeles a los
que tanto envidiamos y que sobrevuelan nuestras mediocres cabezas vendidas al
capitalismo, ahora esa panda de jodidos capullos va y nos la juega.
Te lo puedo contar porque yo estaba allí.
Ocurrió en el Instituto Cervantes, una de las fuerzas
vivas del establishment cultural
español que, curiosamente, lleva tiempo interesándose por la publicidad. Desde
el CdeC he participado en esos contactos, primero con la exposición ¡Viva la Diferencia! y ahora con Hablamos Publicidad.
Reconozco que escribí ese título convencido de que, ante
los artistas del lenguaje y de la imagen, resultaría muy provocador.
Sonreirían con sarcasmo. Negarían la mayor. Incluso
cabía la posibilidad de que las conferencias acabaran en una performance de
purificación, con los artistas prendiendo fuego a los anuncios que el CdeC
exponía en las paredes del Cervantes.
Hablamos Publicidad: con palabras, fue la primera mesa redonda encargada de analizar la influencia de la publicidad en el lenguaje.
Antes de sentarme ya me di cuenta de que aquello pintaba mal.
Marta Sanz, escritora que ha pillado chapa en gran número de festivales importantes (es decir, premios literarios) y que además es doctora en literatura contemporánea, profesora, columnista y, en fin, artista de los de verdad, se deshacía en arrumacos hacia los anuncios. Los otros dos ponentes (Moro y yo) nos mirábamos desconcertados.
Marta soltó un montón de buenos ejemplos que demostraban el sagaz uso que de los recursos y figuras literarias hacemos los copies en los anuncios (avergonzados, insistimos en que lo hacemos más por instinto que por conocimiento). Se vanaglorió del poder de la retórica, hizo humana la imagen divina que tenemos del escritor, alucinó con que a nosotros nos tocaran tanto las obras (un libro te lo publican o no, pero ningún editor osaría testar el final), y resultó ser una de esas personas que del televisor a lo que más partido le saca es a los anuncios.
Nada de violadores del verso, nada de miradas por encima del hombro, nada de tópicos académicos.
Y
ninguna cerilla, claro.
Semanas después, alrededor de la mesa Hablamos Publicidad: sin palabras cuyo
objetivo era analizar las relaciones entre creatividad publicitaria y lenguaje visual, Montero miraba igual
de alucinado a sus compañeros ponentes, en especial a Pedro G. Romero.
El artista de desbordante ingenio (iría en procesión
hasta la puerta de su casa en Sevilla solo para oírle hablar otro ratito) y
cuyo curriculum me siento incapaz de sintetizar, se declaró ciudadano del régimen publicitario con total
desvergüenza. Y nos dio un repaso de normalidad y de hermanamiento que acabó con cualquier posible remake de Aquí hay tomate.
Con sentencias como la tele es hoy nuestro santo en la pared, este teórico de la iconoclastia, comisario de exposiciones dentro y fuera del país, se burló de que ahora en Bellas Artes a los alumnos les traten de comunicadores en lugar de artistas.
Y nosotros
ojopláticos.
Sí, nos la jugaron.
Ya se sabe que los artistas no son gente de fiar.
Justo ahora, joder.
Justo cuando estábamos a punto de negar por tercera vez
a la publicidad.
Justo cuando todos lloramos por ser simples
publicitarios, unos seres cuyo tiempo terminó y que ya no tienen influencia ninguna
en la sociedad.
!Qué cabronazos estos artistas!
Ya ves. Sin embargo, creo que esto no va a evitar que todo dopy sueñe con un año sabático para escribir esa novela que le consagrará como litarato y todo arte haga lo propio para dedicarle a esa exposición que creará tendencia. Pero está bien que nos vayamos aproximando.
Pero también nos zurran. Véanse los comentarios de Sánchez Ferlosio sobre la "Corazonada", que a casi todos no sha parecido una muy buena ampaña, resultados aparte.
Publicado por: Observator | miércoles 21 de octubre de 2009 en 11:41
Yo creo que es más una cuestión de llevar la contraria. Es como cuando dentro de casa despotricamos contra todo, y fuera de ella no permitimos a nadie que menosprecie lo que hacemos.
Espero que sea cierto que la publicidad tiene alguna influencia sobre la sociedad (si no, estamos apañaos...); pero también estoy seguro de que al resto de gentilicios dedicados a acuñar las tendencias del resto de los mortales, les parecerá que somos unos metomentodos graciosillos que nos creemos artistas, referentes y literatos. Aunque en según qué audiencias nos halaguen.
¿O es que a nadie le hemos dicho alguna vez que nos encanta su última campaña, cuando en realidad nos parece una mierda y la hemos puesto a parir en otros foros?
Publicado por: James Ten | jueves 29 de octubre de 2009 en 11:18
Si te consuela yo también estuve en Hablamos de Publicidad, y me quede tan flipada como tú...
Encima llevaba a una compañera que se está iniciando en este mundillo publicitario, a la que intenté explicarle que las cosas en realidad no eran como en esa mesa redonda se contaban...en fin, el único consuelo que me quedó es que mi compañera me creyó!
Publicado por: em_recio | miércoles 4 de noviembre de 2009 en 18:58