2 de Julio
Existe una curiosa disciplina denominada arqueología industrial en la cual se dedican, entre otras cosas, a la recuperación del patrimonio industrial con el fin de analizar e interpretar su evolución e impacto socioeconómico. Toda una interesante área de trabajo en la que lo que para el resto del mundo es un montón de hierro oxidado al fondo de un almacén lleno de telarañas, para ellos es el vivo ejemplo de cómo determinada máquina alteró el tejido industrial, económico y social de una zona.
Algo de esto hacemos también en la publicidad -sí, sí: hay quienes procuran preservar nuestra memoria histórica- y algo así comienza a ocurrir con las nuevas tecnologías, que ya no son nuevas y casi ni tecnologías.
Gracias a un fino rastreador digital -gracias Luis- ha llegado a mis manos una pieza de mueso digital de incuestionable valor: en el link que les adjunto podrán leer cómo fue el nacimiento de... ¡el Power Point! Sí, sí: esa pieza maestra, clave de arco y piedra filosofal que todo lo soporta en la actual vida profesional de nuestro gremio (y de muchos gremios) tiene un origen y unos padres. Y no, Bill Gates no fue: no se equivoquen pinchen aquí y verán:
http://www.newyorker.com/archive/2001/05/28/010528fa_fact_parker
Es largo y está en inglés: si no es su fuerte, acudan a un traductor on line o directamente tómenlo como tarea de verano. Pero sea como sea, no dejen de echarle un vistazo: las reflexiones que el autor hace -en 2001...- sobre para qué nace el dichoso software, cómo lo maleamos y cómo lo hemos convertido en un animal de pelaje distinto al original, dan para mucho pensamiento creativo. Vaya que sí.
Arqueología digital: apasionante.
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