Entre tú yo: la caza mayor no está a tiro de cualquiera.
Hace unos años, en ese amanecer de domingo tan
letal que tiene Cannes visto desde el Martínez, Tute y yo convencimos in
whiskies extremis a
un creata yanqui de que nos dejara hacernos una foto con el león de oro que
llevaba toda la noche arañándole la americana.
Nuestro futuro en la agencia se
vería seriamente amenazado si volvíamos sin bicho, dramatizó Tute con esa
habilidad argentina para hacer creíbles las historias increíbles. Al menos la
foto se podía enmarcar y colgar en la sala de la agencia.
El spanglish y esa ingenuidad tan made in usa
permitieron que el nano se apiadara de nosotros (o más probablemente que no
entendiera nada) y que nos hiciéramos todo tipo de fotos a cual más
surrealista. Acabamos divagando juntos sobre su pequeña agencia de San
Francisco (Butler Shine Stern & Partners) y su
extraño y desmesurado interés por trabajar en Barcelona.
Y claro, el león se quedó dormido en el suelo junto a
una silla.
Nos dimos cuenta cuando ya íbamos Croisette abajo con el
sol arriba. Volvimos echando el hígado, pero a tiempo de arrancárselo de las
manos a un arte japo empeñado en adoptar a la fierecilla.
Seguro que tú has vivido o conoces historias parecidas
sobre el tráfico de trofeos. Es curioso. Parece como si en realidad lo
importante fuera la foto (no la nuestra del yanqui, la que te hacen ahí arriba
frente a los colegas) y el metal en sí fuera lo de menos. Un frío recuerdo de
una resaca de gloria, que por la mañana se revela como una esculturilla algo hortera.
Por eso cuando leí la historia de K.N.T., el despechado
crítico en paro que robó un Goya durante 24 horas, pensé que en realidad debía
tratarse de algún creativo. Primero porque K.N.T jura que lo encontró tirado en
el ropero de un garito y también de amanecida.
Pero lo que definitivamente le delata es su reason why.
Se trata de un gesto de protesta porque:
"Estoy
harto de que siempre se lleven los premios los mismos. En este país el cine
español siempre es igual. Tiene mala calidad. Es un mundo cerrado, de
amiguismo, donde es imposible conseguir un trabajo si no tienes enchufe".
Amigo mío, esa letanía huele a mentidero. O a ver si va a ser que esa disputa es más común de lo
que pensamos los publicitarios...
Mi opinión es que normalmente quien acumula premios es
porque acumula talento. En el cine, en la publicidad o en el diseño de ropa
interior.
Que sí, que los lobbies existen, que hay tejemanejes,
que Edison era un copiota y que hay mucho ladrón de leones…lo que quieras. Pero
al final lo normal es que quien gana una vez y otra y otra, es porque tiene un
talento realmente destacado.
Y lo más sano es reconocerlo, admirarlo y envidiarlo de
buen rollo. Delante de una idea excelente lo primero es abrir los
ojos como platos al tiempo que aceleras tu pulso. Lo segundo buscar quién ha
sido.
Si lo haces a la inversa es como si te pones el
preservativo antes de empalmarte.
Reconocer a los buenos y no tener miedo a hacerlo en voz
alta demuestra tu inteligencia, no tu conformismo. Se aprende mucho de los
éxitos ajenos, quizás más que de los errores propios. Y desde luego da más
gustito.
Aunque con tanto y tanto metal para repartir (no hay
colectivo que más se autopremie que el publicitario) siempre se pueden encontrar
excepciones. Y sí, a veces K.N.T podría pasar por el Vengador Justiciero.
En fin, ahora que no están los tiempos para mucho
festival, es posible que se extienda este tipo de movimiento protesta y haya
que ponerle guardaespaldas al bicho.
O quizás la industria de la falsificación
se ponga a fabricar Soles, Lápices y Leones y los puedas pillar por dos duros
en el Chinatown de turno.
Porque según el último estudio de Consultores, a los
clientes les importa poco que cuando lo muerdas imitando el gesto de Nadal, te
quedes con la oreja del león en la boca.
Por cierto, la campaña con la que había pillado cacho
Neil, aquél enano yanqui de Sausalito, era cojonuda. A nosotros nos quedaron
las fotos y un amigo al otro lado del charco. Y sí, se vino a Barna. Tres
meses.
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