¡Pero si se me había olvidado que tengo un blog! Bueno, de hecho tengo varios; uno en cada puerto (wordpress, typepad, la coctelera, blogger...) y todos igual de desatendidos. No sé, a lo mejor es que ha llegado el momento de que me corte la coleta bloguera...
El otro día escuchaba al siempre provocador Ícaro Moyano, responsable de comunicación de tuenti, decir que “afortunadamente hoy se abandonan más blogs que los se crean”. Él lo valora en clave positiva porque considera que en estos momentos se está llevando a cabo dentro de la blogosfera un proceso necesario de “selección natural” que, presumiblemente, dará como resultado la supervivencia sólo de aquellas bitácoras que aportan algo relevante y diferencial para sus audiencias potenciales. Nos ponía como ejemplo de insensatez la infinidad de blogs consagrados a reproducir las noticias y rumores relacionadas con Apple. Al final, todos postean puntualmente sobre lo mismo, limitándose a personalizar la nota de prensa de turno -o lo que es peor, el post de un tercero- con alguna intrascendente opinión. Es decir, se utiliza una nueva entrada de un blog para lo que fácilmente se podría resolver haciendo un comentario en el lugar del que parte la información. Pero no, a todos nos encanta ver cómo crecen las estadísticas de nuestro blog, aún cuando no se moneticen las visitas con publicidad o cualquier otra fórmula de ingreso.
El otro día recordaba jocosamente con un amigo -también bloguero- que antaño, cuando un inmigrante digital llegaba alrededor de los 20, dejaba de ‘monitorizar’ el crecimiento de ciertas partes de su anatomía -básicamente porque a esa edad ya había dado de sí todo cuanto podía-, para empezar a medir el ritmo al que iban ganando terreno las entradas o las canas. Hoy entre los nativos digitales el tema ya no va así; cuando tienes 15 años lo importante es que el número de firmas que alcanzas en tu post diario de Fotolog supere al de tus colegas del instituto. Para conseguirlo se recurre sin reparo a cualquier tipo de práctica, incluyendo el chantaje (o me firmas o no te firmo) o el soborno (tú me firmas una vez, yo te devuelvo dos). Al llegar a los 20, lo verdaderamente importante en la vida es el número de amigos con los que cuentas en tuenti o facebook. A los 30 sólo son relevantes las métricas de tu blog. Es curioso, cuando llegamos a los 30 todos pensamos que tenemos algo relevante que decir, y como todos, o casi todos, contamos con una microaudiencia a la que dirigirnos, es muy tentador abrir una bitácora. El resultado es un nivel de ruido verdaderamente ensordecedor.
Comparto con Ícaro la sensación de que esta absurda lucha por la audiencia, que emula la competitividad entre los medios convencionales, ha conseguido desnaturalizar la esencia de la blogosfera. A medida que ésta ha ido creciendo, el monólogo ha ganado parcelas de terreno cada vez más extensas, en detrimento de la conversación, del diálogo, de la discusión de ideas. Paradojas de la vida, el fenómeno blog, por su tendencia a la unidireccionalidad de la comunicación, cada vez presenta más similitudes con los medios tradicionales. De hecho, a nadie se le escapa que en muchas ocasiones lo único que diferencia a un blog de, por ejemplo, un diario online, es simplemente la forma de organizar y presentar los contenidos. Sepan ustedes que buena parte de los blogs españoles más reconocidos están profesionalizados; cuenta con redactores a sueldo que saben que su misión es atraer audiencias a las que exponer a la publicidad contextual o gráfica que circunda a sus contenidos. ¿Eso es un blog? Si lo es, que alguien me explique por qué ElPaís.com no es un blog.
En fin, curiosa la deriva de un fenómeno en el que tantas expectativas había depositado la sociedad civil. ¿Está muriendo de éxito o lo están matando de éxito?
Les lanzo una pregunta para que reflexionen durante el fin de semana: ¿Qué responsabilidad tiene la publicidad -más bien el dinero que mueve- en la desnaturalización del fenómeno blog?, ¿Podría ser una nueva demostración de la capacidad de nuestra industria para corromper casi cualquier fenómeno de expresión alternativo que despunte? Está claro que es legítimo, no hay ninguna ley que lo prohiba. ¿Es ético?, Ya saben, la eterna pregunta: ¿El fin justifica los medios? Mejor dicho, ¿Un EFI justifica los medios? Por cierto, mi enhorabuena a los premiados, ;-))
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