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    Cosas sobre mi mesa

          por

Cosas sobre mi mesa 39.

Desoyendo  los consejos de Rapallo voy a intentar hablar de la gráfica,

a pesar de que es un tema que , fundamentalmente, me entristece.

Yo amo la gráfica.

Los primeros anuncios que me impresionaron, y que supongo influyeron en mi vocación posterior, fueron las dobles páginas de MMLB, y algunas memorables vallas de Iberia y de Citroen que con el tiempo he sabido adjudicar a Rafael Baladés y a su equipo en Delvico.

Luego vino el trabajo de RCP, y el de Zamorano en Contrapunto.

Era difícil no tropezarse por la calle con un buen anuncio, o mientras ojeabas  revistas, o la prensa.

Detrás de aquello había una pasión y un entusiasmo que hoy sólo detecto en lo digital (en el lado más tecnológico de lo digital.

Y detrás también había directores de arte.

Cuando uno piensa en la coincidencia espacio temporal del talento de Albert Chust, de Carlos Rolando, de Ramón Roda, de Zamorano, de Kjell Agarp (“el sueco”), de Juan Llopis (siempre desde la clandestinidad), de Pepino, siente que algo importante se ha perdido desde entonces.

El video no sólo mató a la estrella de la radio, también se cargó de paso a las estrellas de la dirección de arte. Y sin directores de arte no hay gráfica. Nos pongamos como nos pongamos.

Yo debo mi formación a una maravillosa confluencia de factores que me vincularon indisolublemente a una especialidad que hoy sobrevive enferma.

El primero fue Paco, mi hermano, que me introdujo en el oficio desde el diseño, me inoculó el amor por los anuarios, y la tendencia a mirarlo todo, especialmente  lo extraño. Nuestros ídolos de la época fueron las gentes de GGK, una agencia revolucionaria y poco valorada hoy, que supo trascender los rigores del diseño suizo y crear un lenguaje más universalmente aceptable para marcas como IWC o Swissair. Yo intenté vanamente imitarles durante mis primeros años de profesión.

Después, ya en Vizeversa, el indiscutible buen gusto de Félix Gárate me acercó a Chust y a Roda. El primero me asombró, y el segundo se dedicó a enseñarme casi todo lo que sé. Ahí aparecieron los americanos y los ingleses, y ahí descubrí a los padres de lo que me admiraba en las calles de Barcelona, especialmente al inmenso Neil Godfrey de CDP. Y después  a Fallon McElligott, el causante original de la insoportable epidemia de truchos que empezó como una reivindicación de la inteligencia y ha acabado como una plaga bíblica.

Cuando me fui a Madrid, a Contrapunto, me sentí profundamente abandonado, porque en el Madrid de la época, y en el de ahora, la dirección de arte se entendía de otra forma, a veces gloriosa en su vocación de proximidad (recuerdo la campaña del Metro, de la Thompson de los Bilbao y Descalzo, una agencia legendaria: la número uno en todo).

Y luego, muy lejos, en otro lugar que no era exactamente Madrid, Zamorano habitaba escenarios vetados a los demás mortales.

En la capital no se hacían las cosas como yo las había aprendido, y después de lamentarme  tristemente, y gracias a la generosidad de Juan Mariano, pude proseguir con mi formación tras el fichaje de Juan Llopis, personaje difícil, pero quizá el más puro y esencial de todos los directores de arte con los que he trabajado nunca. Había un poso intelectual en lo que hacía, algo de profundidad cultural que le daba un espesor distinto a su trabajo. Y una despreocupación por las referencias que a un niñato como yo le impresionaba mucho. Juan me conectó con algo que yo había olvidado por completo, y que formó parte de mi educación infantil: los Novum Gebrauschgraphik que mi padre traía a casa junto con los tebeos  y que estábamos obligados a ojear mientras esperábamos  que el hermano más rápido acabase  con el DDT, o con el Tío Vivo. En esa revista lo que más nos deslumbraba eran los posters, todos del Este (de aquel Este mítico), propaganda húngara, o polaca, carteles de cuando en lo político todavía había espacio para las grandes ideas.

Llopis era un hombre del Este, de aquel Este que nunca existió más que en una imaginación concienciada y utópica.

Fue en Madrid, en aquel momento, cuando la tele tomó el control de nuestras vidas, y ya nada volvió a ser igual, para lo bueno (mucho) y para lo malo.

De vuelta a Barcelona, a donde regresé única y exclusivamente para reencontrarme con Roda y con la gráfica, pude dedicarme unos años a desarrollar lo aprendido, tanto en Vizeversa, como sobre todo en Delvico, y en los primeros años de SCPF.

Y en este proceso, como siempre, fui afortunado.

Roda no me pudo seguir a Delvico, pero me encontré con un viejo conocido: Enric Aguilera, que amaba exactamente la misma publicidad que yo y con quien replicamos a los mejores.

Y después apareció otro antiguo compañero de la escuela de Roda, ya convertido en el principio de la leyenda que hoy es: David Caballero, con quien sigo compartiendo horas y nostalgias, y las ganas y la rabia de regresar a ese lugar tan divertido que fue, en otros tiempos, la gráfica.

Los dos tuvimos la suerte, inmensa, de tropezarnos en el camino con los mejores directores de arte jóvenes del país: Marion, Mireia, Aristu, Gasulla…

Y con una pandilla de redactores que descubrieron nuestra pasión y la llevaron más allá.

Sí, ya sé, son las batallitas de alguien con veinte años largos de oficio. Y que no le interesan demasiado a nadie. En todo caso me importaba citar a mis maestros,  porque no me gustaría acabar siendo tan olvidadizo como lo es nuestra profesión.

De esa gráfica de la que hablo hemos pasado a la actual: anecdótica, previsible, y muy, muy aburrida.

Ya casi nunca nos sorprendemos en la calle, y mucho menos en las revistas, ni siquiera con los escándalos  infantiles que de tarde en tarde provoca alguna marca de moda con ganas de hacernos olvidar su mediocridad.

Cannes, los premios, el Archive, Brasil, Singapur, la enorme difusión de un determinado estilo capaz de convencer a los jurados globales ha contribuido a la decadencia.

La tele también, y sobre todo la mayor exposición de la tele como referencia, a través de los Shots, y ahora de internet.

Los anuarios han perdido su importancia, en parte porque lo que muestran ya es archiconocido, y en parte porque lo que muestran es archiaburrido.

También el anunciante ha perdido la fe en el medio. El culto a la eficacia, y a la medición, y al miedo, han provocado que un soporte tan frágil acabe destruido.

Pero soy, irremediablemente, optimista. De una crisis tan profunda se acostumbra a salir renovado.

Algo que los nuevos tiempos van a provocar es el atender a la relevancia y especial importancia de cada soporte aisladamente.  La búsqueda del consumidor pasará por regresar a donde el consumidor está, y por hablarle más directamente.

Espero que la gráfica, en este mundo de hiperespecialización, devenga una de ellas. Yo me apunto.

Si algún día me monto un chiringuito, será para hacer carteles y páginas de prensa. Mi idea del paraíso laboral es compartir una mesa grande con dos o tres excelentes  directores de arte. Y poder espiar por encima de sus hombros como transforman mi mediocridad en maravilla.

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Más abajo hay una lista de los enlaces de los blogs que hacen referencia a Cosas sobre mi mesa 39.:

Comentarios

Ivan Puigmartí

Vaya, tengo que confesar que esperaba otra cosa. Algo más comprometido que entrára en el detalle, un ejemplo...

La gráfica es mi soporte preferido. Es muy fácil pensar algo que se explique en 30 segundos. Pero la gráfica exige una idea aplastante, clara, accesible.

Me ves, te transmito el mensaje y lo entiendes.

Asi de simple, así de difícil.

Quizá algunos de esos buenos directores de arte y grandes creativos que se asoman por aquí con sus pseudónimos se mojen y entren más en materia.

Lo que no esperaba es que el post me llegára al alma por otro motivo. Sus referencias a la Mediocridad.

Llevo un par de semanas buscando trabajo. He dejado una docena de DVD en algunas agencias y acabo de caer en la cuenta de que mi book es totalmente mediocre, ¡está lleno de mediocridades! lleno de "más de lo mismo"...

Sacaré mi vieja cámara de fotos del armario, pediré una videocámara e investigaré un poco si puedo hacer algo para remediarlo.

Un poco más joven

Que mayor eres, no?

Observator

Magnífico post en el que nos abres el alma con sinceridad. Los hay que no ven en él nada que aprender, pero está todo lo que hay que saber. Solamente echo de menos una reivindicación de los buenos textos. Suena a pasado de moda, pero hemos perdido toda una escuela. Ved aquí lo que éramos capaz de hacer en la era AT (antes de Toni) http://blocmoline.blogspot.com

¿De dónde vienen ahora los textos -cuando los hay-? ¿directamente del briefing? Se salvan muy pocos. Apenas ninguno te hace soñar, emocionarte con el producto. Vale, algunos de coches. Los demás parecen el lugar donde se le deja meter mano al cliente para que se quede contento y vea que "se dice" lo que pone el briefing. Qué pocos anuncios llegan a ser redondos, con un buen copy y una imagen extraordinaria.

Ivan Puigmartí

¿Está todo lo que hay que saber? Pues a mi me parece insuficiente. Dependerá del hambre de saber que tenga cada uno y del tiempo que lleve en la mesa. Probablemente usted lleve muchos años y está ya saciado. Enhorabuena, pídase ya el café, pero no mande retirar lo servido ¡que los hay que aún tenemos hambre!. Por otro lado, estoy de acuerdo en su opinión sobre el copy. Yo tuve la mala suerte de trabajar bajo el mismo techo que Gregori Saavedra y desde entonces me decepciono muchísimo. Lo mismo me pasó cuando probé el caviar de esturión, o el Champagne de Champaña.

También le agradezco el enlace que he añadido a mis favoritos, le aseguro que no incluyo cualquier cosa.

Por último, cómo me molesta que pueda entenderse lo contrario, quiero dejar un enlace como prueba de que el post de Toni Segarra no ha sido estéril en mi.

http://ivanpuigmarti.blogspot.com/2008/01/005-madre-mia-que-palo-me-he-llevao.html

Saludos.

Observator

Tienes razón Iván. Me he pasasdo con lo de Todo Lo Que Hay Que Saber. Y desde luego en el pasado no todo era perfecto. Es más, creo que el tono medio ha subido. Nos hemos internacionalizado, como en todo. Pero también nos hemos dejado arrastrar. Por un lado al mundo de los truchos donde la imagen se returce para resumir el mensaje visualmente y el anuncio termina convertido en un acertijo visual, a veces maravilloso y con referencia a la marca o producto. Pero otras hasta convertirse en una barrera infranqueable para el consumidor. Y por otro lado a la dirección de arte de aprobación inmedianta por el cliente. Y si nos llega de una campaña de tele ya es tirar por la calle de en medio. No soy director de arte, y por eso me parece mucho más difícil su trabajo. Y sí, hay cosas que echo de menos del pasado. Probablemente esa combinación de texto e imágenes. Creo que la gráfica antes se hacía más desde el copy y se apoyaba en una gráfica. Ahora la gráfica lo es todo. Me alegra que te guste la página de Marçal y si te ayuda a mejorar su book (seguro que es mejor de lo que habla) más aún.

santi

En mi opinión, una buena gráfica debe seguir este orden: 1 buena idea, 1 buen copy, 1 buena dirección de arte.... también se puede hacer al revés (y quizás a veces funcione).. Pero en mi opinión, plantear un anuncio partiendo de la dirección de arte (o de una imagen existente) es acotar la parte más importante (y más libre).. la idea.
Un ejemplo.. Bernbach. Más actual... DDB Londres... (no tengo mucha cultura publicitaria.. por eso menciono un par de clásicos.. pero seguro que hay más).
En un periódico inglés (guardian) leí una frase que decía algo así como "cuando las palabras se agotan, son las grandes ideas las que mueven el mundo"... no sé si tiene algo que ver, pero suena muy bien. Enhorabuena por el blog... por todos los blogs.

Perromordedor

Hablamos de gráficas y melancolía post-directores de arte. Realmente Toni, tienes razón, que el mundo de la gráfica ya no es lo que era. De la misma manera que Helmut Newton nunca fue, ni mucho menos, Leonardo Da Vinci. Pero me gustaría saber qué hubiera pasado si Leo hubiera tenido en sus manos una Pentax con un buen teleobjetivo. ¿Y con Flash? Imaginaos a Da Vinci con Flash. ¿Y a Helmut pintando la Gioconda? Con esta sarta de tonterías, lo único que quiero decir es que tanto los directores de arte como las "gráficas" están, ahora más que nunca, en todas partes.

Los artes de las gráficas han pasado a ser: interiores de Starbucks, Stands de Vans en el Bread & Butter, la web de ikea de kitchens for..., Vuestro barco J&B Nightology o el Nightology hotel., etc. Etc. Y un muy largo ETC. Con lo cual, yo me siento más afortunado que triste. Porque mediocridad, siempre la ha habido.

Y sí, no he dicho nada que no sepáis ya todos. Pero a la meláncolía del perroviejo (Lo siento Toni, es lo que hay) yo aporto una mirada Más que positiva para seguir empujando hacia adelante con este mundo que a algunos nos apasiona. Y de paso recordaros que la sensación de las buenas gráficas aun sigue viva, aunque tiene otras formas.

Guau!

http://perromordedor.blogspot.com

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