Suscríbete a nuestra edición de papel


Anuncios Blogs

Publicidad

Intro

    Cosas sobre mi mesa

          por

Cosas sobre mi mesa 33

Perdonadme un regreso tan tardío.
Cada vez me cuesta más reincorporarme al ritmo habitual, que además este año incluye una mudanza, experiencia agotadora.

En fin, sigamos con esto un rato más.
Y aprovechando que estamos de vuelta, hablemos de volver.

Uno acostumbra a regresar con alguna que otra intención, y con cierta transparencia en la mirada provocada por la purificadora lejanía (que, como el olvido, tiende a simplificar y a embellecer).
Aquí en la agencia ha existido una curiosa coincidencia, que no debe serlo tanto, por intentar recuperar la cercanía con el trabajo diario, con aquello que de oficio tiene lo nuestro.
Hoy ya casi todo es gestión, reunión, discusión, aparato. Y cada vez quedan menos tiempo y espacio para el trabajo real, para el misterioso momento de la ejecución.

El otro día, durante la comida, Julio me comentaba lo mucho que le había gustado Ratatouille, y la envidia que sentía por la gente de la animación, cuyo proceso es tan opaco que impide casi cualquier injerencia. La mayor parte del tiempo de producción se dedica a hacer, lejos de discusiones sobre financiación o sobre contratos de artistas. Docenas y docenas de tipos encerrados en un taller durante años haciendo cosas, construyendo una historia, perfeccionando detalles.
Mientras, el cine, el otro cine, vive ocupado en problemas ajenos al asunto, y acaba minimizando el momento crucial.

Hacer es un proceso, que hoy confundimos con un resultado.
El momento en que nos ponemos a producir nos parece el momento final, cuando es claramente el principio. Y antes, y durante, y después, una enorme cantidad de gente interviene, opina, ordena, deforma.

Nos hemos acostumbrado a que eso ocurra, pero no siempre fue así. No hace tanto tiempo los realizadores de nuestros spots, por ejemplo, no disponían de combo, y nadie era capaz de adivinar qué estaban haciendo realmente. Algunos de ellos, los mejores, ni siquiera te permitían presenciar el rodaje. Estaban solos en el momento decisivo.

La costumbre nos ha hecho percibir como normal la monstruosidad de asistir al trabajo de un tipo que intenta construir algo amenazado por la opinión de un montón de personas que fiscalizan cualquier pequeño gesto. Como si siete u ocho de nosotros observásemos por encima del hombro a García Márquez mientras escribe sus páginas, y le advirtiéramos, y le corrigiésemos.

No, eso no es normal, aunque sea lo normal.

Hay un momento de intimidad, de cercanía con aquello que construyes, que se nos está hurtando sin que podamos hacer nada, víctimas todos de un mecanismo que ha acabado por convertirse en el protagonista absoluto.

Hacer es un proceso de creación, de aprendizaje, de revelación.
Uno descubre en el momento en que construye, y por más que intentemos reproducir esos momentos previamente, por mucho que queramos predecir, minimizar riesgos, hacer se impone como un misterio tan gozoso como doloroso.

Hoy casi no hacemos, hoy casi no encontramos haciendo. Hoy casi nunca pasamos miedo en el momento de convertir en sólido lo inmaterial. La mayoría de lo que vemos por ahí nació muerto.
Es así, y lo peor es que nos parece normal. Inevitable.

Bueno, así hemos vuelto, intentando intentar.
Eso es lo bueno que tiene irse.

TrackBack

URL del Trackback para esta entrada:
http://www.typepad.com/services/trackback/6a00e008db1b53883400e54effe1cd8834

Más abajo hay una lista de los enlaces de los blogs que hacen referencia a Cosas sobre mi mesa 33:

Comentarios

anónimo

Hola Toni, creo que el problema (si lo hay, es decir, puede que sea tan habitual hoy en día que ya no se pueda presentar como problema) radica en la cultura del éxito o el fracaso que tan encarecidamente (nunca mejor dicho) nos han vendido nuestros ricos vecinos del otro lado del oceano.
Nosotros los jovenes estamos tan ávidos de victoria que hacemos que siempre nos enfrentemos a los demás sin habernos enfrentado a nosotros mismos. Y eso nubla el criterio y limita. No se concibe ser un perdedor, no se entiende saber perder. La derrota genera pánico porque todos queremos ser pues...Woody Allen. Y lo peor, nos lo creemos.
Con esto quiero decir que nunca vamos a aceptar el hecho de estar sin tratar de influir aún cuando lo que se aporte sea nada porque no sabemos apreciar los silencios y sobre todo porque no queremos ser señalados cuando algo no ha ido como se esperaba.
Una persona muy cercana siempre me dice:reivindica tu derecho a equivocarte porque quien se equivoca es quien ha estado trabajando, quien dice que no se equivoca, malo.Pero claro esa persona tiene 60 años, raro sería escucharselo a alguien de 20 no?

Divagando

Hola Toni. Creo que excepto algunas películas francesas y Woody Allen, la mayoría de los directores de cine han creado sus grandes obras maestras bajo la supervisión de diez productores, que les imponían a los actores, los temas y los finales. Los grandes cuadros de Velazquez, Rembrandt y la mayoría de Goya, eran cuadros de encargo donde se sugerían hasta los formatos para que encajaran sobre un dintel o entre un espejo y la estantería. Y fíjate, que estamos hablando de artistas con mayusculas. Si un realizador de publicidad tiene que plasmar en imágenes la idea que ha puesto en sus manos la agencia y los dueños de una marca, parece de lo más lógico que haya una supervisión y un diálogo. (incluso con esas a veces el resultado se sale de madre) Hablas de los realizadores de antes con nostalgia, pero a mí me parecería aterrador no saber qué está sucediendo en el momento en que 50 o 100 millones de pesetas se están gastando en una producción. Un director y un creativo tienen que entender que son el eslabón de una cadena. Lo que tú sices, querido maestro, suena más a hastío, a estar harto de tener que argumentarlo todo permanentemente (todos lo sentimos de cuando en cuando) a que realmente la calidad del trabajo sea mejor cuando uno hace lo que le da la real gana. Creo que muchas ideas de mierda también han muerto en manos de un comité. Sorprendentemente, las grandes ideas viven más. Eso sí, hay que matar por ellas.

Angua

Preocupadísima me has dejado.
Coincidir con tu "Julio" en algo me produce una suerte de desazón o inquietud, y en este caso más aun!
Ratatouille me ha maravillado las ya tres veces que la he visto (mis hijos 5 veces, ya se sabe que los niños son obsesivos con las cosas que les llegan hondo)
Cada vez, cada vez, que Ego prueba el plato y se transporta a su infancia, a su inocencia, no he podido contener las lágrimas.
Y desde luego, la tesis de que "todo el mundo puede cocinar" viene que ni al pelo a un negocio como el nuestro, donde casi todo "creativo" establecido defiende su coto como el malvado chef de la película.
Precisamente es tan contradictorio el post porque Remi es un genio inesperado, y el señor J.W. me sorprendería (gratamente) si pensara que hubiera dejado a una "rata" trastear alguna vez en sus cocinas.

Pero en Pixar, como buen mundo Disney que es, que a nadie se le olvide, todo es posible.

Coincido mucho más con Divagando. Cuántas genialidades han salido de presiones, consensos, equipos sorprendentes y comentarios casuales.
También bodrios, por supuesto. Pero pensar que el proceso creativo es mejor si se produce aisladamente, como en un laboratorio, me parece, como mínimo, presuntuoso...como el malvado chef...de la película :)

diana

Es la cosa más sensata, real y terriblemente cercana que podido leer en bastante tiempo. Cada vez más algo me confirma que cada vez más los hombres son más sensibles y encima lo demuestran. Quizás sea un halago? Sí, lo es. :)

Jorge

¿Por qué? No lo entiendo. Todos pensamos lo mismo, en las agencias el trabajo está absolutamente prostituido. La creación no existe puesto que se modifica previamente. No queremos mas ofertas ni ahorros ni regalos. Digamos adiós a las palabras rimbombantes vacías de significado alguno. Sucede como cuando repites tantas veces una palabra que hasta dudas de su existencia,de su significado y hasta de su ortografía. Hay que buscar palabras nuevas pero hemos de poder buscarlas, nos han de dejar buscarlas. Creativos somos todos. Mentira. Panaderos tampoco que yo sepa. ¿O acaso vamos a por el pan y decimos: creo que las proporciones de harina no están bien, vuelve a hacerlo otra vez? No, no lo hacemos. Porque panaderos no somos todos. Mientras tanto los blogs de publicidad se llenan de estas críticas pero el mercado es el mercado y el dinero, por ahora, compra mentes para deformarlas, no ideas para utilizarlas. Triste.

Ra

Hola Toni. pues la verdad es que me parece que haces un análisis algo parcial, siento decirlo. Cierto que los creativos han pasado de ser seres inalcanzables que creaban un noséqué muy guay opaco sobre el que nadie, "Dios les libre!", podía opinar. Pero defendieron la posición a base de talento y de aciertos. O sea, de resultados. Los procesos podían ser los que eran a base de resultados. Y de confianza sobre esos resultados. eso es lo que ha cambiado. Y por ese orden en mi opinión. Imaginemos que cambiamos el proceso y nos avocamos a la sorpresa, realmente lo haríamos tan bien? A Julio que lo debe hacer con sus películas, qué tal le va?

Salchicha

Toni, se dibuja cierta nostalgia en tus letras.
Que bueno porque acusa romanticismo, imaginación e historia, asuntos que la prisa actual he dejado en los escaparates del tiempo esperando que alguén las coja. Que maravilla esto de crear, eso es lo que importa, lo del artesano.

Salchicha

Manu

Las ideas hay que pagarlas. Esto de montar una especie de concurso de ideas para renovr la web "by the face" dice muy poco de un profesional. me parece una explotación más a base de jugar con el talento de los más jóvenes. Estamos en el s. XXI y esto es más propio de un hacendado latifundista del s. XIX que de un humanista del XXI. Lo siento, tengo que decirlo porque creo que en este sector se abusa mucho de la buena fe de los chavales que quieren empezar en esto. Y no vale la excusa de... "a mi también me explotaron" o "yo tuve que pasar por esto en mi época". Porque suena a batallitas de sargento chusquero o a tiempos de novatadas salvajes de la mili franquista.

Yoryo Hortolà

Hola Toni,

Te escribimos desde Altraforma, agencia de publicidad barcelonesa, para informarte acerca de una campaña que venimos realizando desde el pasado diciembre. En ella hemos creado un perfil de Twitter a un grupo de personas que han vivido en la calle para que, de este modo, puedan explicar sus experiencias diarias y responder a los internautas que quieran ponerse en contacto con ellas. Todo para ayudar a la ong Arrels Fundació que se dedica a cuidar de la gente sin hogar.

El vídeo te lo cuenta todo:

http://vimeo.com/22646297


Esperamos que te guste y que te parezca interesante este modo de usar las redes sociales como forma de acercar realidades que a menudo nos parecen inaccesibles (cuando no invisibles) en nuestro día a día.

Gracias por tu atención y muchas felicidades por tu trabajo.

Publicar un comentario

If you have a TypeKey or TypePad account, please Inicia sesión


Secciones

Publicidad

febrero 2012

dom. lun. mar. mié. jue. vie. sáb.
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29